Buen café, conversa y recuerdo

Hace pocos minutos recibí el reporte de que unos iniciados del tema, visitaban una tienda de café cercana a mi habitual lugar de trabajo. Ayer, recibí otro reporte de una lectora que tuvo una deliciosa experiencia con un espresso machiatto. Estos dos recientes comentarios hechos de manera personal y a mi correo; confirman que el anhelo de ver a más gente adoptando al café como su bebida de cabecera va confirmándose.

Ahora la propuesta es hacer visible otro objetivo de este espacio virtual: el recuerdo y la conversa; pues hay mucho reporte de buen café, de nuevas costumbres y de mejoramiento de prácticas; pero nos estamos quedando cortos con que los lectores del blog nos cuentes sus recuerdos. Toda imagen pasada es valiosa como inicio de una conversación entre varios, de nada vale un buen café si no lo sorbemos con alguien que escuche nuestros pensamientos.

Qué tal si hablamos de aquellos mejores momentos de nuestra niñez; qué tal si nos comparten el nombre de aquella primera chica a la que le pusiste los ojos –solo los ojos-. Qué tal si nos describen aquel plato de comida de la niñez que nunca olvidarán. Qué tal aquel sonido a cascos de caballo; de muleros gritando en la plaza; de plaza de ferias. Qué tal ese viaje que nunca olvidarás; esa visita a ese museo; ese hombre o mujer que viste pasar y que jamás olvidarás así nunca hayas sabido su nombre. Qué tal si nos cuentas qué te empacaban en tu lonchera; qué juguetes llevabas a la escuela; qué juguete quisieras recuperar o si ibas a pie limpio.

¡Dale! Contame pues, a mí, poco me importan las grafías ortodoxas; las tildes mal puestas; a mí, lo que me fascina es conversar, desentrañar la mente humana y escarbar en el recuerdo; a mí lo que me gusta es tener comunidades reales, de carne y hueso que interactúen en mente y en presencia. Lo rico es despertar a los detalles sencillos, los verdaderos milagros cotidianos; no seas egoísta, tímido o callado; compartí tus letras así estén mal puestas para que, el otro, se identifique con vos y se unan en un recuerdo.

¿Entonces? ¿Quién dijo “este es mi recuerdo”?

¡Saludos al que se burló de mí por moler el café en un picatodo!