Al hombre aún le gusta hacer convites, comitivas

Los muchachos juntaban las grandes piedras localizadas alrededor, se buscaba la leña para la combustión se elegía un líder que encendiera la fogata y se esperaba el primigenio ritual de iniciar el mágico fuego. Todos esperaban espectantes, afanados por la adrenalina de hacer algo sin el permiso de la mamá quizás.

Después de la fritanga, el arroz duro, la carne término azul o seca y quemada, después de comer, con las manos negras y tiznadas, llegaba la hora que las niñas tanto odiaban, si es que se invitó a niñas alrededor del fuego, la hora de orinar, todos en la fogata, para apagar el fuego. Cosa que hubiera escandalizado y angustiado al hombre primitivo ¿apagar el fuego? ¿el mágico fuego?

“Los hombres en la cocina huelen a rila de gallina”, feo, mentiroso e injusto refrán que algunas matronas le rezan al hombre, por eso, nos escapábamos a la manga vecina, al solar extraño… para encontrarnos con nuestro pasado, el primitivo. Aún continua el ritual en ciertas fechas, grandes los cocineros, los jugadores; cuando de años viejos se trata, de fiestas patrias, de paseos de olla. Al hombre aún le gusta hacer convites, comitivas.