El hombre y la silla (III parte) – No es como el fabricante quiera…

Antropometría, ergonomía, resistencia, apilabilidad, costo; conceptos que el fabricante inyectó en la materia de los polímeros una vez el hombre posó nalgas en asiento duro. El objeto duró algún tiempo y por inclemencias del uso, del clima y del accidente, la silla, artefacto hecho objeto industrial, aparentemente cesó de cumplir su uso y fue arrimado a la esquina que espera la visita del carro recolector en miércoles. Pero un hombre, menospreciado por su indumentaria y por el bulto que cuelga de su hombro, vio más allá, y vio, además, lucro, objeto vivo, útil en tercera mano, reciclaje, nueva semántica. Y lo vendió.

Le dieron pesos por él, dinero contante. Y dio de comer a sus hijos. Mientras tanto, la silla en nueva significación, operó de nuevo, fue útil al hombre, sirvió de algo. Su mutilación fue bendición para el jubilado que en los parques espera la mesada, no la catorce. La silla, pues, se adaptó a los muros, a las barandas, fue enser privado y mobiliario público improvisado. Porque algo falta en algunos parques y es el recostadero para la espalda, extensión necesaria para quedarse un ratico más, para no cansarse ligero y migrar a casa. Cuando la silla de verdad muera, será polímero, polvo sintético, para ser silla de nuevo o quizás salero.

El hombre y la silla (Parte II)

Una vez el hombre caminó erguido y quizo pensar, sacar conclusión, busco asiento para sus pensamientos y arrimó piedra, butaco, silla primigenia, reposo: entonces se sentó y descansó al séptimo día. Viendo que pensar demoraba tanto y que era tanto su placer, puso cojín al banco, al asiento improvisado, le puso remaches y lo perfeccionó, lo dejó acolchonado.

Acabado el filo de la sierra, se ideó inyectores que fabricaran un asiento democrático, universal, apilable, lavable, barato y bonito. Fue así como la silla de polímero inyectado se rayó en papel, se hizo y se usó, entró a las casas de gusto fino y a la del lujo ausente, entró a fiestas de quinces y fue vestida en matrimonios de alcurnia, democrática, sencilla, popular, industrial. Una silla de masas.

Vea la primera parte del hombre y la silla…

Lea el texto: De la comodidad y otros demonios… Rimax y su ciclo de vida.

Casas con espíritu, esencia, carácter y recuerdos

Me encantan las salas, los cuartos, las cocinas de las casas donde vive gente común y corriente. Entre más populares sean más me divierto observando el acervo de artefactos que cuentan la historia familiar de cada hogar. Una composición que se me presenta como Kitsch, divertida, compleja, llena de detalles particulares, de pequeñas historias, de objetos que guardan relatos por narrar, de clavos que los soportan, de cables, carpetas de crochet, almanaques vencidos y vigentes, vida y colección compulsiva.

Estas fotos, tomadas en Guaduas, Cundinamarca, me hablan de la construcción, ya no de vigas, muros y cemento, sino de carácter, esencia y recuerdo, de interpretaciones, de categorías. La casa no se configura solo de sus materiales, sino de los objetos, artefactos, fotos, imágenes, afiches, cuadros, adornos, adaptaciones, modificaciones que le van dando una configuración personal o familiar que diferencian a cada construcción de las demás casas, incluso de las construídas de manera sistemática.

Muchas casas, diseñadas por arquitectos y ambientadas por diseñadores de ambientes o decoradores, hacen uso de objetos que pasan inadvertido incluso para sus mismos dueños. Objetos sin sentido, sin una historia qué contar, floreros mudos, artefactos de buena línea y pobre narración. No estoy en contra de las tendencias minimalistas ni del diseño depurado, me encanta el buen diseño y éste mismo cuesta el proceso de proyección que tuvo, pero quiero resaltar el valor de esta estética cotidiana que se presenta en los barrios obreros.

De poncheras: “cocada, alegría, caballiiiitoooo”

A propósito de la publicación del artículo “La Ponchera“, ALEX DURAN M., Diseñador Gráfico e Industrial, aporta lo suyo:

“La ponchera me recuerda a una palenquera en plena playa gritando “cocada, alegría, caballiiiitoooo”.

Una foto que tengo en el álbum de mi cabeza porque las nuevas generaciones de mujeres afrodecendientes

utilizan contenedores de polímeros termoplásticos. Menos mal que otras mujeres, sin genes palenqueros, mantegan la tradición de la ponchera.

La silla y el hombre

Sé que el tema de la silla es un tema adecuado para diseñadores industriales y poco para los gráficos, pero por lecturas, sé de todo el tema que se esconde en este artificio. La silla que conocemos como Rimax, es un verdadero producto industrial, económico, al alcance de muchos, apilable, durable. Y digo que es verdadero producto industrial, porque es un diseño pensado al común de las gentes, es diseño para muchedumbres y no para élites.

El diseño industrial no se creó para responder a egos, sino, para solucionar o cubrir necesidades a muchos, con precios accequibles, con una buena forma y lógicamente con utilidad, es decir, que tenga los aspectos: producción, función y comunicación, en favor de las gentes.

Las empresas fabricantes no pueden darle gusto a necesidades particulares, si ello no es rentable económicamente, por ello, el señor de la imagen, de oficio, mecánico, ha cercenado las cuatro patas de esta silla, proponiendo un modelo de silla donde puede descansar sus piernas de mejor forma, sobre todo, en largas jornadas de espera.

Ahí está, pues, este mecánico a la espera de pinchado alguno, que llevando largo tiempo de empujar su cacharro, encuentre este oasis en medio del desierto, de asfalto y de cemento. ¡Viva el diseño!

Vení querida sentate un ratico, que tengo estos pies hinchados

“Llevao de su parecer” decía mi madre Merlene de mí. “Cascarrabias”, decía mi abuela Juana. “…Todo por llevar la contraria…” dice mi esposa Diana, actualmente.

Y así es, por qué lo voy a negar. No comer entero, preguntarlo todo, auscultarlo, mirar por debajo, dudar de mucho, mirar por el revés, tocar, oler, volver a ver. Resultado: ver lo que otros no ven, conocer más, aprehender de todo, saberlo más, reír, disfrutar con lo poco, con lo simple, con lo bello y lo feo.

Las sillas, por ejemplo, obra de diseñadores industriales, resultado de la disciplina entre la forma y el hombre, y el uso que este último hace de ella; las sillas, decía, hablan de un estadio de la historia, de nuevas configuraciones, de las tecnologías usadas y nuevamente, del uso y la apropiación.

Las sillas de autor, exitosas claramente, tienen su lugar en la historia del hombre y el diseño, la tecnología y sus usos; pero a este cascarrabias, le gustan las sillas configuradas a nuevos contextos, como las de la imagen, sillas, cuyo contexto fue trasladado; cuyo uso, sigue vigente; cuya estética, sigue siendo aceptada o no, dependiendo del transeúnte del momento.

Lo que es a mí, me fascina. La banca de abajo, incluso, me gusta más, con sus variaciones, intervenciones y adaptaciones al nuevo uso: véase las patas, véase el cojín del sentadero. En fin, a este llevao de su parecer, le gustan estas cosas, que ofenden a los minimalistas, a los puristas del diseño, a los ortodoxos de la línea.