Tan lunarejo questás vos querido

Te veo oculta tras esa máscara que solo me permite ver tu falsa faz de olor amoníaco y color soledad.
Te disfrazas de fiesta y rumbón mientras matan a tus muertos en las calles duras de barrios altos.
Te volviste ajena a mirar para dentro, solo ves la vitrina de lo que se espera tener y acumular en la nada.
Boba y tan soberbia vos, enquistada e inflamada en ostentosas vanidades.

A veces te disfrazás, no te hagás la boba que yo te he visto, bajo la agresiva piel de pústula y postema se esconde tu verdad. Verdad es que no sé cómo haces para vivir, para aguantar recriminación de tus brazos, para escuchar y atender las exigencias de tus patas hinchadas, fecundas de callo abierto.

Te he visto disfrazada y no me habías comentado, pero te he visto, entre cortinas de rojo tinte donde adentro de abrís de patas. Altanera y vagabunda a veces, riéndote de tus hijos por el fracaso de los suyos.
¡Ay, estas ciudades!

 

//Con esta entrada, termino la saga de entrega de disfraces del 31 de octubre de 2008. Todas tomadas en el pasaje peatonal de Carabobo.

Topacio brilla entre asfalto y cemento

Un punto fático se culebrea entre afanosos peatones y bancas llenas de pacientes observadores; es naranja y sus rayos llegan hasta mí. Un caminao plumoso y rimbombante sellado con una sonrisa, plumoso por su estola para que no me miren mal, y su sonrisa generosa pero calculadora. No es ninguna boba.

“No me gusta prostituírme” y por eso vende su perico… tampoco me malentendás, perico paisa ques cafecito con leche. Tinto y perico vende por donde su sonrisa vaya iluminando. No es ninguna boba.

Y así andaba el 31 de octubre, día de disfraces. Pero no es el único día en que la gente se disfraza. Antes de votaciones, algunos, sólo algunos se disfrazan también: de mesías, de salvador, de mártir, de amigo, de buen amigo. Poquitos otros, sólo algunos bien poquitos se disfrazan de incorruptos, de corazón inmarcecible que no toca platas ajenas y cuyos bolsillos dicen estar cerrados con dobladillo y nudo ciego. Otros se disfrazan de Romeos sólo para beber de mieles genitales, otros se disfrazan de buseros que montan por la de atrás y mueven la registradora pa que pasés de lado, y así… muchos nos disfrazamos de algo y otros de Chapulín Colorado, bobo, pero inocente.

Carabobo, entre edificios Carré y Vásquez. 31 de octubre, día de disfraces.

Sonrían pues, digan güisqui a ver

Tímidas ellas, muñecas tristes, relleno de trapo, un ojito “apachurrado”, puchero enojado. Un policía desarrapado, mostacho cincuentero, atalaje casero. Bailarina de dos velos, de cabello rebelde. Un súperman ajeno y una religiosa monalisa…

No te limpiés la boca carajo que te borrás el mostacho. Ponete sandalias que a pie limpio no salís. Quitate esa carajada de la cara que no sos nevera pa pegarle pendejadas. Peinate verónica, qué son esas mechas. ¿A vos también te dio por pegarte chicles en la frente?. – No es un chicle. La misma vaina, no sé quién te enseñó esas mañas.

¡Ay Zoila, dejá esa cantaleta! Mirá esos pobres que ni sonrisa mantienen. Si los vas a sacar, sacalos bien… y no los zarandiés que ellos no caminan como vos. Mirá ques el único día que se les puede dar dulcesitos. Consideralos boba, que no van a pagar ellos, por solterona vos.

Plaza de las “Luces” (Qué risa) / Hermosos niños de linda alma, bajo el cuidado de dos madrinas. Sólo extrañé la sonrisa en cada uno de ellos. Aún así son bellos. Octubre 31 de 2008