Los cajones de rebujo

Confieso que corregí el término rebujo desde hace años, de boca de Viviana, una alumna de Diseño Gráfico. Dicha palabrita -mal pronunciada- la tenía posicionada en mi cabeza de boca de mi mamá y de cantaleta de mi abuela, con el tema del cajón donde guardaba la ropa de niño.

Se trataba de un chifonier donde en los cajones dos y tres -de arriba hacia abajo-, guardaba mi ropa doblada con celo compulsivo, animado diariamente por mi madre que me decía: “Mario, hágamel favor y arregla ese reblujo (sic), que hasta culebras deben haber ahí”. La ropa podría estar bien doblada, pero si me ponía de contestón, el castigo era inmediato: trapear el piso o arreglar la ropa del cajón. Ni hablar del protocolo para doblar las medias, ese se los cuento después con imágenes.

Hoy en día, este eterno mozuelo que revela sus intimidades, aún no ha podido con el orden en los cajones, por lo menos no con el cajón de la mesita de noche. Pero ahí va mi pregunta… ¿Quién es capaz de mantener el cajón de la mesita de noche ordenado?

Los cajones de la mesita de noche son el refugio temporal y a veces sempiterno de colgandejos, bisutería, el vipaporrú, recibos de caja, pilas malas, un celular -otrora panela-, cartas viejas, sobres sin nada, centavos de Dólar, modenas oxidadas, un Dólex vencido, tres manos libres para celular -varias marcas-, cidís, un casete de tangos de marca Maxell, gotas de niansesabe, cargadores de batería para celular, un librito de oraciones, tres bolígrafos -merchandising-, dos bolígrafos secos, un envoltura de confite, un confite derretido y un listado particularizado de más carajadas.

Aclaro que el listado anterior, no corresponde al cajón de mi mesa de noche, sino, que es producto de la ficción de este tecleador amigo, como recurso para causar curiosidad en el lector e invitarle así, a que verifique su propio cajón y haga inventario, para nada modesto, del rebujo allí dentro. Se atreven a escribirme? ¿alguna foto?

Palabras para rescatar: chifonier, rebujo.