Recuerdos de una casita de campo

Recuerdo la casita de campo junto al Salto de Versalles en Guaduas, Cundinamarca. Recuerdo a Marucha metida a toda hora en su cocina donde preparaba los alimentos en leña. La recuerdo sirviéndonos changua al desayuno; piquete, a la hora del almuerzo. Recuerdo ese enero de 1991 antes de irme para el ejército, sentados varios familiares alrededor de una sencilla mesa, cubierta con mantel de cuadros y las infaltables moscas volando en derredor (las moscas no pueden ser despreciadas de la vida cotidiana aunque se presenten molestas. Fernando Botero las incluye en muchas de sus obras pictóricas).

Recuerdo escuchar cientos de grillos, chicharras; y multitud de pájaros cantando (las alabanzas al señor) -eso cantaba mi abuela-. Recuerdo las noches con decenas de inseptos y demás bichos acogiéndose al calor ofrecido por las bombillas encendidas. Recuerdo las tres “chanditas” que mantenían cerca de nosotros prestando vigilancia gratuita en las solitarias noches.

Recuerdo el olor de la multitud de tapas de gaseosa regadas al garete cerca al enfriador donde se vendían. Recuerdo ver a mi tía Petronila y a mi abuela cosiendo a mano las ropas de mi tío Pedro, rotas por el desgaste en el trabajo de campo. Las recuerdo a ellas con sus gafas (lentes) bifocales y al gato siamés sobando la cola en las piernas de ellas, y ellas echándolo con regaños y refunfuños.

Recuerdo las gallinas como locas en el campo abierto, los marranos en la cochera. Los turistas llegando a conocer el Salto de Versalles y comprando gaseosas que nosotros les vendíamos. Esos son los recuerdos que me trajo esta imagen tomada en El Retiro, oriente antioqueño.

Saludes a Marucha Ruiz, aunque ella qué se va a meter en internet.

Arepa e chócolo al horno e barro

En casa, uno de los platos sencillos más solicitados es la arepa e casa, ya había hablado de ella y ya les había dejado mi receta para cuatro porciones:

Un pocillo de “doña arepa” (en minúsculas pa no ser tan publicitario) de la amarilla, un pocillo de leche previamente calentado (30 segundos en micro), medio pocillo de leche en polvo, una cucharadita de azúcar morena, una más mermada de sal. Mezcle los ingredientes con amor y se recomienda que la bola resultante la amase un hombre ¿machista? no, ¡no se me enfurrusquen pues! Es que el secreto de una buena arepa está en el amor que desprendan las manos y en lo duro de la amasada… amase duro, como haciendo arepa, que la masa quede fina y haga cada arepa, aplastándola puede ser y ponga en recipiente con teflón a fuego medio y disfrute… o pida reservaciones en mi casa.

¿y es que no tiene otra cosita más pa cocinar? avemaría. Le tenemos champiñones rellenos, chorizos borrachos, pan apretao de la casa o el sancochito y sudao de mi esposa. Ensalada verde, ensalada naranja, vinagretas caseras, dulce de mora, piña, salsa de maracuyá para las quesadillas caseras… sí, todo hecho en casa como a la antigua… ¡Es que uno criao con abuela! /

¿Aromáticas? no. En mi casa lo que le hacemos es agüitas: de menta, yerbabuena, caléndula, alcachofa y albahaca… hechas en ollita, hervidas en casa, como a la antigua.

¿Gaseosas o refrescos? nada. En casa le tenemos puro jugo, mieles de la vida: Curuba en plena leche, mora para la anemia, lulo con sus tres espumas, guanábana blanca, o naranja que me trae Sandra mi cuñis. O agua de la llave ques la mejor.

Imagen de horno de leña en plena carretera por El Salado, vía La Ceja, El Retiro. oriente antioqueño.

Navidad Pelada

¿Será que, sin plata para gastar, algunos podrán vivir una verdadera navidad, para quien entiende el concepto que ello lleva?

¿Será que ese afán por comprar y comprar solo responde a un impulso vanal y superfluo?

Pues viene siendo hora de ir dejando vanidades temporales, de mirar a los ojos de las personas, vaciar nuestros bolsillos, calzar humildemente y ver lo verdaderamente duradero de la existencia. Aceptar la vida con su talego de bondades y desgracias, justamente tan necesarias estas últimas para nuestro crecimiento y para poder saber qué son las primeras (las bondades).

Recomendación para leer: Ensayo sobre la ceguera e intermitencias de la muerte. José Saramago.

Imégenes de ventas en El Salado, carretera vía La Ceja, El Retiro. Artesanías hechas en pino

Corré Cornupia que te van a dar la pela

¿Eras vos pajarraco el que me levantaba cada mañana sin programarte? Bendito animal de monte este que me pone a madrugar como si no estuviera yo jubilado. Vergajo este, que sin ser vecino mío, sacude sus alas para prender alarma y despertar con sus altisonantes cantos a toda la vecindad circundante.

Vení gallo animal, ¿Cornupia es que te llamás?, así me dijo Poncio el del nuevo granero que te llamabas. Vení que no te aguanto más, vení que me tenés la ropa pintada de tus gracias digestivas. No te dejés coger, quen la casa te espera un garabato pa colgarte ahí, ahí donde curo chorizos es que te voy a secar.

¡Eh, bendito animal estee! Maldinga sea, ahora verá que me tocó madrugar obligao por este esquivo plumero. Altanero y rezongante es que sos, que ni pa sancocho servís, dejate y no más que a Martín el gato aporriao le vas a caer muy bien, bien y directo a la panza. Venite pues que testoy hablando.

Sector de El Salado, vía a La Ceja o a El Retiro, Oriente Antioqueño.