Mi primer oficio: embolador – lustrador

He de contar que mi primer oficio, a los cinco años de existencia en esta vida, fue el de embolador. Corrijo: el primero no, sino, el segundo. Mi primer oficio en la vida y en la cuadra allá en Manrique, era el de recolector de BOÑIGA* seca para mi abuela echarle a las matas. Ya supondrán… a veces era objeto de burlas -hoy me río yo-.

Mi primer oficio, pues, fue el de embolador. Como nunca fui amante a los dulces, mamá llegó una noche -agotada como siempre- con una caja para lustrar zapatos. Me la compró, por supuesto, equipada con una lata de betún Cherry, un cepillo para untar y otro para dar brillo. Esa semana me gané mis primeros pesos, casi centavos. Mi madre era feliz descargándome zapatos por montones y bolsos también. Para lo que no estaba capacitado aún, era para untarle Griffin a las zapatillas blancas -muy usadas en los setentas-, esa era una labor mayor para mí.

Aún guardo la cajita de embolar original, pero allí no cabe nada. Me compré una más grande que comencé a adornar, estilo calle. Después les contaré mi siguiente anhelo: ser VERDULERO y el porqué y el cuento de la BOÑIGA. Los dejo con este bello personaje de Jericó, Antioquia. ¡Este Jericó me arranca fotos y suspiros en los ojos!

boñiga – moñiga

f. Excremento del ganado vacuno o caballar.