Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos

Como se cocinan los alimentos se cocinan los pensamientos. A veces, el fuego es purificador necesario para dejar solo los vestigios más finos. La tierra estará presente toda nuetra vida, pues nosotros mismos somos tierra. El fuego vendrá con la frecuencia necesaria cuando estemos muy soberbios. El agua nos dejará sentir su bondad cuando llueva sobre nosotros y nos permita un andar más resistible. El aire siempre estará allí; a veces, entrará por bocanadas más amplias a modo de descanso o sispiro final.

Este bodegón que ven tiene la presencia del hombre, así esté ausente; pero me impacta más es la textura del fondo: la tierra del barranco que fue arañada para crear concavidad que sirva como tienda temporal para unas ventas populares. Tomé la foto porque los colores me representan. Humo, óxido, dorado de las frituras, terracotas; variados cafés: guadua, palo, leños; todos ellos pátinas del tiempo, del clima y de la realidad.

Este bodegón me representa entanto hombre primitivo, hijo del tiempo, fugaz, débil; con la textura que me dan los pensamientos, con el color que me da el sol y con la dinámica que me da el fuego de la pasión por vivir.

Foto tomada en el Santuario de la Virgen del Jordán, Pereira, zona rural.

Empanadas para este viernes

Esta noche vaya a la esquina, pida que le empaquen 30 empanadas de las pequeñas, tostadas y crocantes; que le encimen encurtido o picante, según el gusto, y váya a su casa a compartir. Pida alguna cola y siéntense a conversar, a reír y participar; a contar cuentos y recordar eventos.

Sigan conversando y vayan por más: otras 15, sirvan más gaseosa y a reír. Si usted vive por fuera del país y no tiene al alcance una empanadita… ¡está en la olla! Sienta envidia. Las de la imagen, las venden en Sonsón.

Empanadas de mano tierna

Acerca de las empanadas:

  • Si son hechas por manos expertas, maduras y rollizas: mucho mejor.
  • Si son hechas por una persona que parezca a nuestra abuela: mucho mejor.
  • Si la cobertura es crocante: mucho mejor.
  • Si son pequeñitas: mucho mejor.
  • Si hay encurtido para bautizarlas: mucho mejor.
  • Si son hechas en leña: mucho mejor.
  • Si no tienen carne: mucho mejor.
  • Si son a la salida de la misa: mucho mejor.
  • Si son hechas en una mesita improvisada con mantel plástico: mucho mejor.
  • Si nos las venden con una sonrisa: mucho mejor.
  • Si están calientes: mucho mejor.
  • Si se puede repetir y repetir: mucho mejor.
  • Si la señora saca la mesa todo el fin de semana: mucho mejor.

Ojo, señora Arepa, que tras de su estela orgullosa, camina la empanada entaconada que camina a paso largo, casi para alcanzarla, robarle el puesto que usted ha ocupado desde hace años. Ojo señora Arepa, cuide su retaguardia, que muy entaconada viene la empanada con su perfume encebollado de encurtidos caseros a empotrarse en parapetos de primer lugar, ojo, le viene pisando los tacones.

Imagen tomada en Jericó, Parque de los Fundadores.

El retorno del hombre al fuego

Dominó el hombre al fuego y el poder fue sobre sus llamas. Asó, pues, cuando quiso, el producto de su caza, animales voladores, rastreros y caminantes, los cocinó, los hizo blandos y agradables al paladar. Llegó luego la sal y todo fue mejor. Las especias después y voilá, la cena estaba servida.

Hizo luego el hombre estufas y fogones, los hizo de petróleo, de gas, de calórica energía en resistencias rojas. Más tarde aprendió a comer suchis y consideró bajo, meterle muela a la morcilla, a la chunchurria y demás menudo.

La palabrería internacional se nos metió por naguas y calzoncillos y llegaron los bistés, Chartreuse de pavo, Paté de ternera y cerdo y muchos más. Creyó el hombre que había evolucionado al dejarse de rústicas costumbres.

Pero algo vacío permanecía en el inconciente del hombre. Reclamos le hacía la memoria, una memoria que luchaba por volver al origen, a la masa primigenia, a la pangea ardiente. Se hizo, pues, el hombre, dueño de domingos y festivos, de vísperas de año nuevo y teofanías en noches buenas y volvió al principio de las cosas.

Se hizo sus sancochos de hueso o trafásica substancia, se inventó asados para celebrar cumpleaños, asó masmelos en fogatas sin dueño. Invitó a comitivas donde todos ponen papas, hizo fuego con leña de nuevo. Y se rió, porque vio que todo era bueno. Y le metió cerveza, ron y guarito y se peleó el hombre por soplar la leña y avivar el fuego e invitó a natillas, hizo buñuelos y fritó empanadas.

Volvió a respirar el hombre, suspiró y se sintió prehistórico de nuevo, se acostó después de todo a descansar, porque vió que todo era bueno.

Imagen tomada por Juan Camilo Orrego Soto. Comuna 1 de Medellín.

Al 10 de Brasil, le tocó vender empanadas

Al parecer el pase del 10 de Brasil, no fue lo suficientemente rentable para sus dueños y ahora el 10 se quedó sin el pan y sin el queso, eso sí, quedó con empanadas para vender.

Esta es la nueva modalidad en cuanto a ventas de empanadas se refiere. Ellas van a Mahoma, calienticas y con su buen pique. Esa estética de acomodación la han copiado muchos ya, dicen que caben 100 empanadas bien acomodadas. Habría que contar. Usted los puede ver a los vendedores regados por el sector de la Bayadera, el Hueco y Guayaquil en Medellín, ofreciendo tan humilde manjar. Cada vendedor tiene tres salidas, es decir, 300 empanadas vendidas.

Iba en mi moto y no resistí la tentación de parar a pedirle permiso al mejor jugador de Brasil para tomarle la foto. Sector de La Bayadera, 7:45 a.m. / ¿Qué es una empanada?

Empanadas que es lo que más se vende

Cientos de iglesias en Colombia se han construido con las famosas empanadas, alimento bienhechor del cuerpo del Cristo, maná de la tierra. ¡Ay qué ricas ellas con su carne ausente! Empanadas papales (que solo tienen papa).

Elegantes las muy sí señoras de tacón alto, grandes y generosas. Benditas  y bienaventuradas las que vienen con dádivas de carne, así sea de dudosa procedencia. Las hay posmodernas rellenas de maicitos y quesos.

Pero nada como la conservadora empanada papal, de costra crocante, caliente y recién bautizada por mantecas amarillas. Esa, la pequeña, la que construye muros eclesiales, la ausente de carne, la sebadora… ¡Ay mis lectores externos de Colombia, ah maná del que se pierden!

Confieso eso sí, que yo no compro empanadas, sino que compro encurtido y le echo empanada. ¡Ah no, es que empanaita si pique eso si no! Ahí sí soy liberal. / Y hablando de comida, les recomiendo el blog de Verónica ¿Con qué se come?

En la foto, insumos pa las empanadas. Marsella, vía a Támesis. Suroeste Antioqueño. Bien pudo ser fundada Medellín en el valle del Cartama.