Algodón de azúcar para recordar la niñez

Qué sera de los niños de los últimos tiempos en las zonas de estratos más altos. Que será de las juventudes que crecen encerradas en las unidades residenciales. Qué será de los muchachos que no conocen la calle como territorio de la lúdica. Cuando camino o recorro los barrios de elevado nivel socio económico, atisbo que nadie camina esos lugares; las calles son vacías, no hay risas de niños revoleteando en el ambiente.

Algunos dirán que tienen mejores cosas qué hacer que estar expuestos a los peligros de las calles, pero mi experiencia en la calle fue magnífica: comitivas donde todos ponían papas y nadie se atrevía a aportar la carne. Jugar escondidijo contando de cinco en cinco hasta cien e intentar que se “quemara la olla”. Jugar pequeños partidos de fútbol -para lo que fui bien malo-. Juag ‘Chucha cogida” (que significa correr hasta alcanzar a otro que quede con la tarea de seguir alcanzando a los demás y así sucesivamente) -Para que no haya malos entendidos en otros países-.

Los niños y adolescentes de hoy conocen como parques a los centros comerciales. No se ensucian. Pocos juegan con tierra. Pocos construyen ciudades con arena y le meten carros al guión. Los únicos afortunados de vivir las aceras y las calles de los barrios, son los niños cuyas viviendas están ubicadas en los estratos de bajo nivel económico. Lo gracioso es que los llaman pobres ¡Y SI SUPIERAN CÓMO SE DIVIERTEN Y LOS JUEGOS QUE SE INVENTAN! Ser niño en un barrio popular no es pobreza, es riqueza, recursividad y creatividad; es risa, invento y juego. ¡Pura diversión y aventura!

Las fotos hablan del Algodón de azúcar, caramelo de la infancia, pero esto fue lo que me recordó y se los quise compartir.

Hombre haciendo rápel desde cables de energía

Varios fueron los testigos de aquella hazaña. Un hombre desafiaba su propia vida practicando rápel desde unos cables de energía en el barrio Santo Domingo.

Ayudado únicamente de su manos y sin ninguna protección, este valeroso hombre -con pinta de cazador de cocodrilos- quería demostrar a su comunidad su valentía y así mismo su terquedad, ante la petición de los vecinos para que abandonara tal empresa.

Hablando en serio -ahora sí-, este muñeco que cuelga es el vestigio de un juego muy conocido entre barrios obreros o populares: el paracaidista. En los verdaderos barrios, no aquellas unidades cerradas donde se simula haber convivencia, los niños juegan en las calles ¿En las calles? Ajá, claro que sí, los niños juegan en calles y aceras, juegan con pedazos de ladrillo, escriben con retales de tejas de barro, juegan con el tarro, juegan a esconderse. En barrios Obreros los niños crean carros de una sola llanta y le pegan con el palo, arrancan el pasto y juegan a la tienda vendiéndolo como cilantro. En los barrios obreros, se corta una bolsa, se le amarran unos hilos, se le pega un muñeco y se tira al aire como paracaidista. Así juegan en los barrios ¡y son felices!