la chacita de El Gallito – Tinto barato

A mí me tocó billete de peso; de dos pesos, con los que compraba Ponque Ramo; de cinco pesos, con que pagaba el pasaje a tres con 50 pesos; de diez pesos, con que compraba un pan gigante para mi edad.

Me tocó el billete de 100 pesos con el cual se mercaba la verdura, me toco el viejo billete de mil pesos, que era algo inimaginable, era oro en papel, era sinónimo de riqueza, el cenit del dinero, el culmen de un bolsillo boyante.

A mi me tocó jugar con veletas hechas con papel de cuaderno, jugar “La vuelta a Colombia” con tapas de gaseosa con cáscara de naranja por dentro, me tocó jugar escondidijo, Yeimy, ponchao, montar en bicicleta Monark de flecos en los manilares, me tocó reir, jugar y vivir.

A mi me tocó tomar jugo de tomate simple, de zanahoria y remolacha, me tocó el jugo de piña, de guayaba, de mango y de banano con leche y naranja. A mi me tocó beber aguapanela sola y aguapanela con leche, que era el tetero de uno. Me tocó beber leche con ajo machacado y una copita de aguardiente con limón para las lombrices.

El tinto era prohibido para los niños, era sólo una bebida para grandes, aburridora, amarga bebida. ¡Y saber lo tanto que me gusta el expreso!

A mi me gusta este carrito ambulante de tintos. “Tómele al aviso, es que a mí me dicen El Gallito.

Imagen en Plazuela San Ignacio.