Pegate a la Fiesta del Libro

En 500 años, cuando mis libros estén enterrados en la tierra, los nuevos terrígenos arqueólogos, descubrirán mi biblioteca personal y podrán extraer de ella mi ADN sembrado en cada saliva dejada en las páginas pares de mis libros. Observarán ellos mi intimidad literaria y mis urbanos gustos de lectura. Se preguntarán por qué marcaba cada libro con fecha, lugar de compra y acompañante al momento de la compra; pero agradecerán hacerles fácil la tarea de recuperación de la memoria de una extinta ciudad.

Se preguntarán por qué los libros eran papel y entonces me clonarán no de una costilla, sino del vestigio digital de mi dedo índice con saliva y grasa dérmica; para preguntarme tal disparate y desperdicio, y les contestaré que lean cualquiera de mis libros rescatados del humus literatus y se enamorarán para siempre de una lectura física, antigua y de papel.

Les contaré lo harto que es leer las instancias virtuales de un pantallazo insípido. Les diré que un libro es para leerse abriendo las virginales hojas de papel y para ser acariciado en cada pasar de página. Que ha de llevarse siempre uno para cualquier lado y que ha de devorarse con intenso aliento. Les confesaré que los libros en papel tienen un nosequé que enamora por siempre, que te ataja y que te ata, que alimenta y que envicia… Y les contaré más cosas por supuesto: el chicharrón, el tintico, la papaya que es buena para el estreñimiento y del agüita de caléndula pa una cantidad de cosas.

Imágenes en la Fiesta del Libro en el Jardín Botánico de Medellín 2008