Ahí no hay gato encerrado

En Alhambra, puro centro, puro Guayaquil, donde se vende lo que no vea -y pregunte por ello-, donde se vende de segunda y de tercera, donde una muñeca manca o sin cápita sigue paseando de compra y venta, allí mismo me pillé este gato. Cómodo y orondo entre segundas de malos olores se encontraba este semoviente que se me antoja como envidiable en su tranquilidad e inamovible placidez. Ahí, ahí no hay gato encerrado.

Que no le metan gato por liebre

jajajajaj. -¿por qué la risa? / Porque la verdad, no sé qué escribir viendo las dos fotos / ¿Y entonces? / Pues me surgió una idea: proponerle a mis lectores que me escriban un texto inspirado en este post, me lo envíen como comentario y hacemos un salpicón con lo que me llegue. ¿Qué tal? / Puede ser un relato, una historia, un recuerdo, un cuento… cualquier cosa que le inspire o recuerde la foto.

La imagen fue tomada en una tienda, de aquellas, de las viejas. Hermoso granero en Jericó – Antioquia.

Espero que esos tantos visitantes de fuera de Colombia, me escriban -a ver si aportan un poquito jajaja-. No me hagan quedar mal pues.

Gloria Ce. Recordé un poema de Piedad Bonnett en el que el protagonista es un gato.
RECICLANDO
Piedad Bonnett
Cuando papá en un ataque de rabia mató al gato,
a mi gato Bartolo
porque metió la cola entre su caldo
y porque ya era viejo y no cazaba como debía ratones
y además era caro mantenerlo,
cuando papá borracho lo mató con sus manos,
hubo una gran algarabía en casa.
Vinieron todos, todos;
mi hermana dijo: guárdenme los ojos
para un par de zarcillos, y Martino,
nuestro vecino, se pidió las tripitas
– sirven para hacer cuerdas de violín –
y mi mamá, que al principio lloró, lloró conmigo,
quiso la piel
para ponerle cuello a su chaqueta,
y los bigotes
se los pidió mi hermano Eladio el mecánico,
y los cojines de sus patas fueron
lindos alfileteros
para la bruja gorda que vive atrás del patio
y es modista.
Lo que sobró lo hirvieron con sal y con cebolla.
Se lo dieron a Luis, que duerme en nuestra calle,
pues también sirve el caldo de gato para el hambre.
Yo me pedí los huesos.
Uno a uno los muerdo delante del espejo de mi hermana
porque dijo mi abuela
que al morder el que toca se vuelve uno invisible.

Ana María: El flash electrizó el gato que antes dormía en la pesa, porque en estos días de crisis las verduras no las compran porque tampoco se producen lo suficiente. Solo queda esta tienda y la tendera con su gato dormilón y erizado, esperando un cliente dominguero o bueno, un fotógrafo curioso.

Eliana desde Rotterdam: En mi casa los gatos han hecho historia: el gato que le gustaba el aguardiente y se volaba con mis tios a “parrandiar”; el gato que pensamos era macho hasta que entro en celo y quien le cambia el nombre a esas alturas?; el gato mono; el gato serenatero que nos deleitaba con sus maullidos a las 3:00 am; el gato al que le daba miedo los ratones; la gata que fue el amor platónico de un par de perros; y … y … y que nos dirá la señora en naranja sobre este gato blanco?

Claudia Ávalos: Hoy me toco hacer ronda… para pillar al raton que nos esta destapando las bolsas de arroz.

A Sócrates lo castraron

Salía de la Universidad de Antioquia de conversar acerca de mi experiencia con el blog a unos estudiantes de Periodismo por invitación de Carlos Agudelo, docente y director de De La Urbe, y me disponía a prender mi moto cuando una escena robó mi atención.

Una chica joven se comportaba tierna y sospechosa con un gato que aceptaba gustoso, las caricias de ella. Esta joven universitaria, cuyo nombre olvidé, instaba al felino a que entrara a una jaula portátil de transporte animal. Sócrates como me dijo ella que se llamaba el gato, se desperezó poco a poco y fue accediendo ante las zalamerías de la joven, y guiado por el olor que le atraía desde la jaula, fue sigilosamente entrando hasta que se acomodó allí dentro sin más ambages.

Pero Sócrates, que no es tan bobo, salió de nuevo como previendo que no todo era tan bueno y con esa malicia felina, comenzó a retozar con esta chica, ante la mirada de tres personas que habíamos caído en la curiosidad del evento.

- ¿Y tú estudias veterinaria o algo así?
* Nada. Economía (Sonríe como sabiendo mi reacción)
– ¿Pero estás en algún proyecto de investigación?
* No, para nada. Voluntaria con los gaticos de aquí de la universidad, que ya son muchos. Simplemente los llevo a una veterinaria y allí los castran.
– ¿Y a este lo conocés?
* Sí, este se llama Sócrates.

Prendí mi moto y los dejé ahí, jugando. Quizás él se la pilló y a punta de jueguitos la estaba convenciendo de que dejara las cosas así, en su punto. El caso es que hoy Sócrates ya debe maullar un poco más agudo y sin prole qué cuidar.

Fotos tomadas en la Universidad de Antioquia. Las imágenes amplían.

Despalomada amiga mía…

Reposo en mi balcón para otear* y ver cualquier novedad desde esta tarde lenta. Reposo mi jactado cuerpo y te veo, allí, indefensa y estratégica, cayendo en el cebo inocente que mi ama pone por mí.

Come tranquila que te deseo gorda, mugrosa y valiente. Jáctate tranquila del último arroz de tu vida, pues pa onde vas no sabrás de maices y de huevos. Aquiétate que temprano yo te deseo, para calmar este tedio cruel de una cuadra sin vecinos.

¡Ja! Si supieras mi pensamiento malevo, si supieras cuán me babeo por tenerte, si supieras cómo deseo lanzarme en furia por vos, despalomada amiga, entrañable alimento de mi ser y de mi panza. Amiga.

Esta escena me la encontré en Jericó, Antioquia. Municipio querido que vale la pena visitar cuantas veces el tiempo y el dinero deje. Imposible no antojarse de un guarniel*.

Otear: Mirar desde un lugar alto
Guarniel: Popularmente conocido como CARRIEL
Recomiendo la Guarnielería de don Ruben Agudelo.