¿Dónde está Javier? comiendo pizza

Historia narrada por los caracteres gráficos del texto “pizzas” de la imagen:

  • P (Cabello tuso): Hoy es viernes. Tengo como un antojito pero no sé de qué. Algo como saladito.
  • I (Calvo): ¡Ah ya! Una pizzita bien rica, home.
  • Z (Cabello largo): Me voy pa onde Patricio que ese man me fía hasta el otro mes.
  • Z (Gorra): ¡Ey! Patricio, ¿toes qué parcero, una fiaíta hasta el otro mes o qué?
  • A (Calvo): Mmnndd aahhmm.
  • S (Cabello rubio, corto): Barriga llena, corazón contento.

Home: Hombre / Onde: donde / Toes: entonces (saludo) / Imágenes tomadas en Guaduas, Cundinamarca. Abajo: Javier (El Espectador) comiendo pizza con luna de fondo.

Aquellas tiendas de antes

Una bella tienda exhibe su mercancía en Guaduas, Cundinamarca. En ella me compré un objeto en vía de extinción para mi colección de carajadas: la vela de sebo.

Un expendedor de cuchillas Gillette también llamó mi atención, pero el señor, como supuse, no lo vende. Una tienda de las de antes, una tienda típica del cuadro “Yo vendí a crédito, Yo vendía al contado“.

Perdón por tan horrible foto (vela de sebo) pero no tengo otra mejor.

Recuerdos de una casita de campo

Recuerdo la casita de campo junto al Salto de Versalles en Guaduas, Cundinamarca. Recuerdo a Marucha metida a toda hora en su cocina donde preparaba los alimentos en leña. La recuerdo sirviéndonos changua al desayuno; piquete, a la hora del almuerzo. Recuerdo ese enero de 1991 antes de irme para el ejército, sentados varios familiares alrededor de una sencilla mesa, cubierta con mantel de cuadros y las infaltables moscas volando en derredor (las moscas no pueden ser despreciadas de la vida cotidiana aunque se presenten molestas. Fernando Botero las incluye en muchas de sus obras pictóricas).

Recuerdo escuchar cientos de grillos, chicharras; y multitud de pájaros cantando (las alabanzas al señor) -eso cantaba mi abuela-. Recuerdo las noches con decenas de inseptos y demás bichos acogiéndose al calor ofrecido por las bombillas encendidas. Recuerdo las tres “chanditas” que mantenían cerca de nosotros prestando vigilancia gratuita en las solitarias noches.

Recuerdo el olor de la multitud de tapas de gaseosa regadas al garete cerca al enfriador donde se vendían. Recuerdo ver a mi tía Petronila y a mi abuela cosiendo a mano las ropas de mi tío Pedro, rotas por el desgaste en el trabajo de campo. Las recuerdo a ellas con sus gafas (lentes) bifocales y al gato siamés sobando la cola en las piernas de ellas, y ellas echándolo con regaños y refunfuños.

Recuerdo las gallinas como locas en el campo abierto, los marranos en la cochera. Los turistas llegando a conocer el Salto de Versalles y comprando gaseosas que nosotros les vendíamos. Esos son los recuerdos que me trajo esta imagen tomada en El Retiro, oriente antioqueño.

Saludes a Marucha Ruiz, aunque ella qué se va a meter en internet.