Una decorada casa en Irra, Caldas

Peluches, peluchines, peluchitos, afiches, cartas, credenciales, cajas, recuerdos, recordatorios, perros, osos, piolines, fotos, dedicatorias, relicarios, bolsos, regalos y traídos, cristos, papas y dolorosas, paredes del recuerdo, museos del sentimiento, galerías de vida y existencia.

Al regreso de Manizales, la familia de mi esposa y yo, nos tocó detenernos en Irra, porque mi pequeño hijo, un mono de dos meses, venía con el cupo lleno al interior de su pañal. Nos detuvimos junto a una bombilla moribunda que nos permitiera ver y no tocar, cambiar y proseguir y así continuar sin mayores sorpresas el viaje. La bombilla era testigo de la bella casa que se dejaba ver a través de una puerta abierta.

Valentina era la única anfitriona en aquel hogar me permitió entrar, registrar sus acicaladas paredes llenas de regalos, objetos y recuerdos. Me impactó positivamente aquella casa y la bondad de Valentina, con menos de 10 años de edad, que nos dejó cambiar al bebé, usar el agua y traerles este recuerdo a ustedes.

Esas paredes son la bitácora real de la madre de Valentina, son su blog a la vista de muy pocos curiosos, son su diario personal.