Lo que me trajo el niño Jesús…

Con tantos textos publicados ya olvidé si les conté algo, pero igual se los contaré:

Un 25 de diciembre estabamos destapando los regalos de los traídos. A mi abuela, le trajo el “Niño Jesús” ropa interior. Mi madre tomó los papeles que envolvían los regalos y los tiró a la basura, yo pegué un grito ante semejante sacrilegio. “Má, cómo los vas a botar si allí está escrita la letra de Dios”, le dije a mamá, valorando la mismísima rúbrica de Dios. ¡Cosas de niños!

Lo que realmente quería decirles es la efectiva respuesta que tiene este blog entre los lectores. Ante la búsqueda propuesta en el post “Busco máquina de moler – Servicio social”, reventó en un hermoso regalo que Sandra López me hace con un honor especial: era su propia maquinita de moler, que cede ante mi caprichoso antojo. Gracias Sandra, tu maquinita estará muy bien en mis manos y en mi biblioteca, donde ya la ubiqué. Gracias.

Busco máquina de moler – Servicio social

Aún permanece en mi memoria aquel sonsonete que decía o dice: “servicio social, en Radio Reloj”, luego de ello, el locutor decía: “Se perdieron los papeles de Humerto Martínez en un bus de Villa Hermosa. Hay gratificación para quien los devuelva. Repito, se perd…”

Esta vez el servicio social es para mí: Busco máquina de moler de juguete, de esas de metal, idénticas a las reales, incluso muelen de verdad dos o tres granitos de maíz, sólo que en menor escala. Quien sepa del paradero de una maquinita de esas, hágamelo saber por este medio.

Es que quiero de “traído” una maquinita de moler de juguete, que me traiga a la memoria tantos días en que mi abuela me levantaba a moler el maíz para las arepas.

Imagen tomada en el municipio de Angelópolis, Tienda de Héctor, un espectacular lugar para los que les gusta conversar y tomarse unos guaritos.

Maaario a molerrrrrrr

“Mario a moler”. Esta frase que me acompañó durante mi crecimiento, es relativa a un objeto en vía de extinción: la máquina de moler. En ella fortalecí mis músculos, molí el arroz tostado para hacer cofio, la desgranada mazorca para las arepas de chócolo, la carne para la comida y la yuca para suavizar las arepas.

 

Corona es la marca, que en alto relieve, resalta en esta tecnología. Un trapo reposa en lugar de la manija de madera que se quebró décadas atrás. Otro trapito sirve para ajustar la parte trasera desde donde se aprieta y a medida que uno comienza esta campesina labor, se ajustan las mariposas que apretan las partes y hace la masa más fina.

 

Hoy en día me imagino las juventudes preguntando a su madre: ¿Qué son esos dos huequitos en el poyo de la cocina?, es más, muchos ni han visto esos dos huequitos en el poyo, y menos saben qué es un poyo.

 

Extrañeza la de Lina y Giovanni, a cuya boda fuimos mi esposa y yo, cuando en la lista de novios, un máquina de moler estaba entre los regalos a escoger, que “porque a Giovanni le fascinan son las arepas así, molidas”. Pero ambos se rieron copiosamente cuando al instalar la máquina en su nueva casa, no encontraron los dos huequitos para instalar este adminículo culinario. “Pues va a tocar decirle a su mamá que mande la masa ya molida mijo, porque aquí se fregó”.

 

Es que ya no se hacen cocinas ni poyos para moler el maíz. En la imagen: Doña Adela está moliendo el maíz para las panochas, las verdaderas arepas de chócolo. Urrao, Antioquia. Fiestas del Cacique Toné.