La matraca

La matraca era el nombre que le dábamos en mi casa a un reloj despertador bastante desbaratado y terco para morir. Se trataba de un reloj que dividió su vida en varias etapas. Era un reloj para mesa de noche, barato él, sin abolengos de marca o metal.

Su primera vida fue brillante y funcional, su siguiente etapa fue golpeada y algo pelada, sin embargo su timbre era ensordecedor y se destacaba no solo en las primeras piezas del hogar, sino en los hogares de ultra muro.

Luego le llegó una etapa extraña, donde, debido a los golpes, su funcionamiento era perfecto sólo si se ponía de lado como caído y protagonizando el “3” la posición del “12”. Le llegaron los males de la vejez, pues este reloj barato ya rayaba los 45 años de edad funcional hasta que su mica o vidrio de protección, reventó. Ya no había que moverle desde atrás la manecillas porque se podían mover de primera mano por delante.

Los amigos de la casa que amanecían en ella, no entendían la nueva estética funcional de la matraca y lo ponían parado como debe ser, con el 12 arriba, pero de terco el reloj se detenía. Estaba enfermo ya. La hoja con los números se oxidó ya muy rápido sin la protección del vidrio y fue en una de sus tantas caidas en la que quedó manco del horario. La matraca había muerto contados 48 años aproxiadamente. ¡Y era un reloj barato! sin abolengos de marca o metal.

Imagen en la Semana Santa de 2008. Ritual del toque de la matraca en viernes santo. Envigado.