El milagro de saltar

Antes de bajarme en la estación del Metro que me correspondía, me detuve a ver a un niño que saltaba y reía, saltaba y repetía.

Algunos, con su mirada, desaprobaron dicha actuación de libertad. Su madre ni le prestaba atención.

Recordé de inmediato, que en el transcurso de mi vida, he conocido a varias personas cuadrapléjicas, personas que ´lo único que pueden hacer es pestañear.

Saltar, caminar, correr, caerse, levantarse, rasparse la piel jugando, cansarse de tanto andar el centro en busca de la talla que no se encuentra… ¡Ja! ¡TREMENDOS MILAGROS!

Mendigo por enésima vez

Dada mi compulsiva personalidad, he de decir que tengo algo de memoria selectiva; así que pequeñas tareas cotidianas se me olvidan. Varios de mis actos, entonces, son mecánicos: si no me unto desodorante antes de ponerme la camisa, se me olvida; si mi billetera está tapada con algo, se me queda; si mis llaves no están donde siempre las ubico, las olvido.

Estando de estudiante universitario dejaba, algunas veces, mi billetera, lo que me obligaba ir a una tienda cercana a la estación del Metro a pedir prestado para el tiquete, para ello, dejaba mi carné de estudiante -aunque fuera- para que me creyeran que no era pal vicio y que de verdad regresaría a pagar.

Pues hoy fue uno de esos días. Hoy fui mendigo por enésima vez. Llegué a la estación del Metro en Envigado y mi billetera estaba sin su “cobijita”, sin su billete, pues. Cero pesos oro me acompañaban en efectivo y la Tarjeta Cívica del Metro con cero pesos digitales, además, mi tarjeta débito y crédito, eran inútiles si noai cajero. ¡Ah berrionda piedra (rabia extrema infantil) que me subió al instante.

Dado mi problema de memoria y acostumbrado a los menesteres pedigüeños -sólo en esos casos-, me fui pa la tiendecita donde compraba café con leche en las noches junto con mi novia, quien hoy es mi esposa, a pedir prestado para el tiquete de ida al trabajo, recibiendo una negativa rotunda, clara y directa de la señora -pues que se olvide que vuelvo a comprar allí-. Tocó quedarme en las escaleras de la estación a ver qué conocido llegaba, pero desas cosas de Murfy el legislativo, nadie conocido pasó.

15 minutos de espera y nada que pasaba alguien que pudiera auxiliarme, hasta que a alguien bajaba por las escaleras revisando su billetera le pregunté si tenía un tiquete de Metro que me pudiera regalar. Un sí, rotundo, y una sonrisa extra, me dieron lo que necesitaba, no sin antes hacerme las preguntas de rigor: que si era pa droga que yo pedía, qué pa onde iba, que a qué estación viajaba y que si era tiquete pal Metro o pal colectivo.

Solucionada la cuestión económica, me dispuse a entrar al sistema, y yo que me monto y los conocidos que empiezan a aparecer -tres para ser exactos-. El caso es que llegué a mi oficina y aquí estoy contándoles la vaina. Hoy fui mendigo por enésima vez, pero como dice alguien a quien amo y que me bautizó “Mono”; es mejor madrugar a trabajar, que hacerlo para buscar trabajo. Jhon Jairo, gracias por el tiquetico hermano, que Dios te dé un regalo hoy mismo.

En la foto: Vagabundo en Carabobo, frente a la iglesia de la Veracruz.