Rastros del Big Bang por doquier

Observar una hormiga que quizás nadie más vuelva a ver, que nadie más mirará; ver un solo metro de recorrido en su existencia; observar una hormiga, pues, es el testimonio de un acontecer casi milagroso: la vida. El movimiento. La gravedad. La libertad. La substancia.

Viviremos 80, 70, 40 años y solo vimos 10 ó 15 segundos en la vida de esa hormiga, y esos 15 segundos representarán alguna fracción ínfima del Big Bang.

Prefiero la foto que el video. La primera, me permite ver una fracción de segundo por los minutos que quiera detenerme a contemplarla. Fotos en Amagá.

¡Oe, oe! se coló, se coló

¡Pilatunas infantiles de otras épocas! Entre adminración porque reemplaza un suspiro que evoca recuerdos. Como jugar ‘Tintín Corre Corre’, osea, tocar puertas ajenas y salir corriendo para que no sepan quién fue y entre en desesperación la persona dueña del inmueble. Recuerdo una de las mías: ya no vivía en el barrio Manrique, de Medellín, pero estando allá en una visita, salí a la tienda donde siempre hacía los mandados; pasé por una casa y toqué la puerta y salí corriendo, en la esquina reflexioné y me dí cuenta que la dueña no me reconocería si me viera, así que me detuve y esperé que la señora saliera y desde la esquina le señalé que fui yo quien tocó en su vivienda, luego corrí.

Me colé en buses en la ciudad de La Dorada, en Caldas, junto con mi primo, hermano del alma, ‘Juancho’ y recorríamos toda la ciudad escondidos en la puerta de atrás, que era donde, lógicamente, uno se colaba. Mis ojos siempre presenciaron los famosos coleros que se pegaban desde la calle Ecuador con la oriental en Medellín, en sus bicicletas; tal aventura se hacía enganchando a la parte trasera del bus una cuerda a la que iba amarrada la cicla y así ganarse toda la subida hasta los inicios de la comuna Nororiental.

He de confesar, y no me da pena, que cuando nació Jacobo casí me colé en un bus, y digo casi porque fue con consentimiento del conductor para evitar tener que correr dos cuadras hasta la Clínica Las Vegas donde tenía parqueado mi carro y finalizaba una hora más de estacionamiento, parqueadero cuya hora es bien costosa. El caso fue que me monté en un bus a la altura del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid y le dije al conductor que si me arrimaba “dos ‘cuadritas’ más allá”. Jajaja,, hay que burlarse de uno mismo. ¡No faltará el que te reconozca y le de pena ajena! jajajajajja.

Imagen tomada en la vereda La Mina, municipio de Amagá. He vuelto, Jacobo mejorando, papá y mamá también.

Amagá, de barro y de carbón

Algunas imágenes de la mirada de Adriana Quiroz, entre sus fotos están las obras de Hermes, artista de Amagá que comparte sus horas entre la carnicería Zeus y el solar de la casa donde queda el rincón de su trabajo con el barro.

Ver todas las fotos de Adriana Quiroz en Amagá.

Sudor y piel – TomaTodo en Amagá

El vestuario del minero es la piel, que con sudor en la superficie, cubre del frío y del abandono de la mirada de los otros. El ripio, el carbón, la tierra, el olor, el sudor, se pasean sobre el corazón abandonado del minero. Juntos, se internan en la selva profunda de las tinieblas, socavón maldito que se ha tragado a muchos. Justamente, después de llegar de TomaTodo, muere esta semana un minero cercano a la mina que visitamos, una peña se le vino encima estando adentro.

“No conozco más que esto”, recitan casi todos los mineros, “No me dí cuenta de lo que les pasó a los mineros de Chile”, confiesa Guillermo. “No sé qué más hacer”, dicen muchos. “Un familiar mío murió en una mina”, se escucha con frecuencia en el pueblo.

Por último, reza un Tip de ElColombiano.com:  “Mina de Angelópolis le robó el sueño de profesional a Guillermo”

Ir a Amagá con TomaTodo, era el intento por decirle a la comunidad virtual, a los lectores, al mundo, que existe un municipio con necesidades de empleo, diversión, lúdica, ocupación del tiempo libre, espacios urbanos: AMAGÁ, “Puerta del Suroeste”, una puerta en ciertos temas desportillada que necesita una gran reparación, sobre todo, en el alma herida de tantas personas que han dejado a sus muertos en las entrañas de la tierra, allí mismo donde vivían por horas sacando carbón.

En respeto y homenaje a los muertos de la tierra de Amagá.

Amagá, vista por Argenis

Argenis, aficionada de la fotografía, interesada en la escritura narrativa y el periodismo, gusta la música reggae y rock de grupos locales. Vea más de su trabajo en http://www.flickr.com/photos/argenis231/