El “moisés” y el chicharrón

Y este “moisés” de mimbre emergió de entre la muchedumbre en los días de diciembre, y en vez de llevar al gran libertador Moshé (Moisés), llevaba cuero tostado de tocino, es decir, chicharrón o chicharrín. Aunque mezclar estos dos conceptos es incompatible: cerdo y Moisés. Al segundo le es prohibido el primero.

Salvado este asunto, se procedió a la venta. Unas manos trabajadoras llevaban la canasta o moisés que llaman por entre el público hambriento de gastar dinero y mecatear chatarra. Los chicharrines, divididos entre normales y picantes, fueron ofrecidos por precio alguno y antojaron a propios y visitantes, amantes de las largas filas y las colas lentas entre los observadores de alumbrados.

“Espero que la muerte del cerdo promueva la alimentación en casa, nos una en torno a la mesa y se puedan comprar otras viandas”, diría el mercader, doliente de la canastilla. Hablar de este último objeto, sería adentrarnos en terrenos de la artesanía, eso será en la corta lejanía de otra entrada como esta.

Cinco razones para un moisés solitario

La imagen puede dara entender varias cosas:

  • Que el neonato ya no lo es tanto, que creció y pasó del moisés a la cuna de baranda.
  • Que el recién parido tenía todas las noches el vicio de jugar a que arrancaba el cubrelecho, hasta que quedó solo la entretela.
  • Que el modelito de moisés al niño no le gustó porque se creía de mejor cuna, que “¡qué mañesada era esa! se le logró interpretar.
  • Que el esposo se enteró que el embarazo de su esposa, era sólo una excusa más para retenerlo y que dicha compra era un artilugio más sin son ni ton.
  • Que el moisés no cupo en el colectivo de Itagüí y les tocó dejarlo y llevarse al “chino” cargado en brazos.