Vivos y oportunistas sobran por doquier

Víveres en general y vivos también, sobre todo los últimos, los vivos, no aquellos que aun respiran por el guargüero y que no han estirado la pata, no esos, sino, los vivos cuya acepción es la malicia, el oportunismo, la mala intención, la frialdad, todos esos conceptos que acicalan al vivo, a ese otro vivo.

Vivos en general:

  • Los que se quedan con las devueltas, sabiendo que le robaron al otro en su equivocación.
  • Los que le meten al taxista el billetico falso, conociendo de antemano que tal papel moneda es invaluable, no por su riqueza, sino por su evidente apariencia de copia.
  • Los que esperan la tajada del contrato con el Estado, que es el dinero del aportante.
  • Los empresarios que no afilian a sus “esclavos” a salud y pensión y van embolatando al trabajador, inocente y a veces pendejo.
  • Los banqueros que se hacen ricos y ricos y ricos con dineros del pobre y de los pobres y de más pobres.

Víveres y vivos en general, sobre todo los últimos, de esos que se ven en tiendas, convenios, licitaciones, en casa y a la vuelta de la esquina. Vivos que llegan a regañar a sus hijos y a hablarles de valores y de moral, padres untados de estiercol fiscal y llegan a exigir a sus hijos mejores cuadernos, mejores tareas, mejores notas.

¿Siga usted?

Imagen tomada en el barrio Moravia. Lee acerca d ela canasta familiar con otra imagen de Moravia.

La canasta familiar ¡Irrisoria!

Cantidad de interpretaciones hay para con la anterior imagen, algunas:

  • El mercado no es gigante. Es el carro de supermercado el pequeño.
  • No es gigante el carro de supermercado. Es el consumidor el que está consumido.
  • No es gran variedad de productos. Es lo que el presupuesto deja comprar.

Opto, para este caso, por las tres observaciones anteriores. La relación de tamaños, que sirven de referente para entender la perspectiva del dibujo y sus proporciones. Me recuerda los años setentas, donde el narcotráfico abundaba agasapado en todos los estamentos y muchos tenían plata, hasta el pobre.

Había dinero circulando por todos lados. En dicha época, el dinero se colaba hasta en los buses por la puerta de atrás y permanecía pegado al tubo del medio. Había propina para muchos y otros dineritos “pa que tome fresquito”. Hoy en día nos inventamos visitas a ver si allá nos dan el alguito (Las onces, nueves, medias nueves y así)

Eran bellas épocas donde nuestra ignorancia no percibía corrupción alguna. Hoy, el mundo está asqueado, al rico le llega más y al pobre, aserrín aserrán, piden vino, no les dan. Huele a podredumbre, incluso en las más altas esferas políticas. El ponqué se parte con base en una geometría desfigurada, ángulos obtusos complacen a unos cuantos no más.

Y así, va caminando el pobre consumidor, alienado por la publicidad que lo hace inflar de falsa percepción. Ahí va el consumidor, loco de contento, con su cargamento para la ciudad…

Terminé este post y esa canción que ni me sé, terminó metida en mi cabeza y al buscar en Google el tema completo, sorpresa me llevé al ver su letra…

Imagen tomada en el barrio Moravia. Antiguo basurero de Medellín.

…Y a veces llevo a cinco…

…Aquí llevo a cuatro, pero a veces llevo hasta a cinco… Me comentó él cuando paralelo iba en mi moto.

En Moravia, antiguo basurero público de Medellín, hay gente que le pone buena cara a los ritmos cotidianos. Es medio día y este transportador, padre responsable de sus hijos, les lleva a su destino sagrado, la escuela. Algunos dirán “qué pacao”, pero ellos simplemente ven su diario vivir.

Pienso a veces, y me río de ello, cómo los padres se afanan en comprarle a sus hijos incapaces aún de caminar, juguetes de grandes marcas y costosos, cuando se entretienen ellos con cualquier caja de cartón con una pelota por dentro que haga bulla. Con cualquier chilango, camisa o trapo viejo se hace alegría. Con cualquier caja o celofán que haga bulla se entretienen ellos.

Nada de “pobrecitos”, “qué pecao”, todos tenemos la capacidad de sacar del sombrero risas y sonrisas. Pesar del que se autodenomina miserable. Para quienes no hayan leído la crónica El baúl de los juguetes…