El negrito aquel

Sigamos con esta saga involuntaria de los muñecos de la casa de mi madre y mi abuela -que es la misma-. Sigamos desnudando los secretos de las repisas que cuelgan en la paredes. Este negrito ahí donde lo ven, no es ningún niño -como creería uno-, no es ningún infante sin experiencia de la vida; este negrito, tan tieso y tan majo, tiene la bobadita de 55 años. ¿CINCUENTAICINCO AÑOS? así es, es todo un señor, hecho y derecho pero sin prole alguna. ¿Y por qué sus prendas desgastadas, como sarrapastroso? Pues te cuento que sus prendas tienen la misma edad que él, ropas que por cierto, hizo mi tía Sebastiana, a la que le encantaba muñequiar a cada momento.

¿Y el negrito es hindú o algo así? No nada, cosas de Sebastiana que lo vistió así. / Muñeco de 4 centímetros.

¿Querés ver más muñecas de la casa de mi madre y abuela?

La vaca que cuelga

- ¿Y hasta cuándo tenemos que estar así, colgadas?
* Hasta que nos compren.
– ¿Pero colgadas? ¿No hay otra manera más digna de nos vean y nos lleven?
* Decisiones de Pacho Lagarto, el dueño de la chaza*.
– ¿Pero colgadas? Lo que soy yo, llevo aquí dos semanas y nada que me llevan.
* Es que tenés que poner carita feliz, y mirar como quien no quiere la cosa.
– ¿Ah? Me ponen esta pinta tan ridícula y aparte de todo ¿tengo que ser hipócrita?
* Vos tan trascendental, tan problemática, tan cositera.
– Sí, pero es que a vos no te tocó esta pijama de vaca tan ridícula.
* Mirame a mí de iguana con cara de rana. O mirá a la mica, esa sí que posa feliz y hace monerías.
– Ella ques boba y no tiene dignidad. Yo quisiera ser muñeca princesa y posar en vitrinas de grandes centro comerciales, ser valorada, que me llevaran a casa de alguna de esas de alcurnia, ser intocable y que la dama no me dejara tocar de esos mocosos, sólo ser exhibida y no más.
* Te entiendo. Tu no eres un peluche común, lo que eres es una plástica, vacía y de sonrisa falsa… Deberías soltarte de una vez por todas. ¡Patética!

Venta de muñecos para colgar en chazas de Carabobo. Chaza: caseta de ventas.

Gol de Matilda

Jairo Mosquera ni se imagina las risas que provoca al insistir en la paternidad que asumió de su primer hijo Perico Mosquera. No se sabe cómo Matilda le metió ese golazo a Jairo. Jairo insiste que es una enfermedad que sufrió su tatarabuelo y la heredó el niño que es el alma de sus ojos. Jairo ya no tiene amigos porque no soporta más la burla de sus coterráneos e insiste que Perico, tiene la misma nariz de él y sus hermanitos.

Cuentan las malas lenguas, que han visto mucho en la mina, al viejo ingeniero alemán que inició las obras en el año del derrumbe de la escombrera.

Venta de muñecos en El Hueco, zona de Guayaquil. Medellín

Regalado el día del Padre

* Pero pinchao pues él, en el día del Padre. ¡Estuvo regalao!
– Peroes que se dice quesque tiene hijos regaos porai
* Ah mija, peroel es muy buen papá
– El problema es quesas mujeres lo exprimen y le sacan toda esa platica mija
* ¡Ah no, ahí sinó, ahí sí quién lo mandó de pipicontento
– Buen mozo ques mija, y como quen aquello también jijijij
* ¡Ay no jodás, Tulia!
– Ah, yo le doy su pinta de parte mía… ¡ahh!

Vendedor de muñecos en el Parque de Berrío