Los ojos y los agujeros negros

La mirada y los ojos, que no son lo mismo. Existe, además, la mirada de quien mira y la mirada de lo observado. La María, aquí representada, mira; pero otra es mi mirada a la suya. Entendiendo este croché de palabras, veo en su mirada lo que los astrónomos ven en los agujeros negros: misterio. Pero no con la acepción terrorífica sino desde lo mistérico, lo oculto o vedado, desde lo escatológico, que es el verdadero sentido, por ejemplo, del libro del Apocalipsis (Revelación).

Suena enredado, pero cuando les diga que cuando miramos a los ojos detallamos que hay una parte oscura concéntrica al iris, es más digerible. Esa parte oscura se nos presenta mistérica porque, una vez entra la luz, no sabemos qué hay más allá; no sabemos qué significados elaboró la persona de la luz percibida y, por tanto no sabemos qué tan “iluminado” se encuentra.

Intento y parece que aún está enredada la cuestión. Nuestro cuerpo recibe luz y le vemos y lo ven; pero esa partecita del ojo, que llaman pupila, es solo un portal que nos lleva a otro universo interno. Aunque hace poco le pregunté al optómetra qué ve cuando ve por ese huequito y me dijo “El hueco” y entonces confirmé mi cuestión.

Más oculto o vedado es el mundo que se percibe cuando cerramos dicha ventana y, sin necesidad de párpados abiertos y pupila dilatada, entramos al verdadero mundo inconsciente de los sueños. ¡Ahh! Ese sí que es fascinante, ese donde sí estamos desnudos en un Adam colectivo.

Aún se sabe poco de los agujeros negros del espacio sideral; pero sí sabemos que mucha de la luz que entra en ciertos ojos (en ese agujero negro), se devuelve pernicioso al mundo, convertido en muerte, egoismo, tristeza, des-amor.

Me perdonarán, pero ésta, nunca ha dejado de ser una bitácora personal, ¡nunca!