La herencia de mis mayores

Mi niñez no fue muy cercada por amigos de la misma edad, por el contrario, mis tardes eran alimentadas -a la fuerza- por visitas que hacía mi abuela a sus amigas, es decir, me la pasé en la niñez participando de la mano de Juanita, de puras visitas parviadas*, visitas de cuatro de la tarde a sus amigas de la Primera Iglesia Bautista.

Para esa época, no existían centro comerciales, a excepción de San Diego -primero en Colombia-. Entonces lo que a mí me tocó, fue callejiar por El Palo, Maracaibo, Junín, Girardot en compañía de mis madres: mamá y abuela. Lo que sí recuerdo es que siempre que me llevaban, me compraban natilla* de las monjas, que por cierto la vendían en cualquier época del año. Me tocó también, ir al Pedrero, antigua plaza de mercado de Medellín en la Avenida San Juan. Me tocó ir a culto y a misa. Me tocó escuchar las conversaciones de mi abuela con sus hermanas acerca de mitos, espantos, entierros y hasta del Mohan, leyenda en las riveras del río Magdalena.

Crecí entonces entre mayores, entre chocolatico con pandequeso, entre risa y conversa de viejos. Hoy, debo confesar el gran respeto que siento por las personas mayores -excepto una**-. Reconozco que, si la vida lo tiene a bien, nosotros también llegaremos allá, arrugados y achacosos -más yo, que soy bien mañoso-.

Los ancianos tienen mi respeto y confieso también, que me encanta fotografiar las arrugas de un anciano. Me parecen bellas, me parecen tan humanas, tan vulnerables. Las arrugas nuestras, nos hablan de una vida vivida, de un recorrido, de vida y no de muerte. Por eso mi esposa no tiene nada que temer: se que te arrugarás y yo te amaré. -Eso sí, me dejas jugar a estirarte la cara jajajajaj-

* Parva: harinas para comer. Tostada, calado, pan, palito, pandequeso, almojábana, etc.
* Natilla: dulce decembrino de maíz y leche.
** ¿Excepto una?: sí, mi vecina del segundo piso. ¡No la soporto!

Imagen tomada a un carretillero en la calle Maturín, esperando cliente.