Docencia, alumnos y pedagogía, una discusión práctica

Por Juan Diego López, Decano de Diseño Gráfico de la Corporación Universitaria Remington. / Imágenes: Carlos Múnera en TomaTodo 4, Amagá.

El texto es una carta (30 de noviembre de 2010) de Juan Diego a una compañera suya, en un diplomado con el Ministerio de Educación Nacional, con respecto a los modelos pedagógicos, en respuesta a una molestia por un comentario. Omito el nombre de la destinataria.

Para mí y para muchos de quienes participamos en la Escuela de Docentes de Ciencias Sociales de la UPB (casi nueve años) donde mediante el esquema de seminario Alemán, reflexionamos sobre la práctica docente y como define Octavio Toro, el acto pedagógico, una de las grandes conclusiones es que un modelo pedagógico en sí mismo no es nada práctico, así como una metodología de investigación, en el trabajo de campo de la investigación de mercados, tampoco es muy útil, es necesario la combinación y adecuación de modelos en el espacio y tiempo dependiendo de varios factores:

1. Temática

2. Tipo de docente

3. Características generales y particulares de los estudiantes (el más importante)

4. Competencias a desarrollar.

Así que cada docente, como bien lo dices, ajusta todos esos factores con el fin de lograr el objetivo de formar. Así que puede que el tema de la semana 1, requiera conductismo y el de la 2, un proceso más constructivista, o que el estudiante Pedrito Pérez no aprende sino es con el acompañamiento extremadamente paternalista de un conductivismo extremo…

Es muy distinto a decir que en una institución no haya un propósito pedagógico formativo. Desde lo institucional debe definirse un modelo instruccional, unos procesos y procedimientos, políticas de evaluación y toda una cantidad de cosas que giran alrededor de la filosofía y propósitos institucionales, pero no significa que todo parta de modelos pedagógicos, como yo lo veo, el modelo pedagógico (cualquiera que sea) es un referente para trazar estrategias de formación, pero no puede ser el pilar de ello.

Yo he trabajado en varias instituciones de educación superior, ninguna de ellas puedo considerarla de baja calidad, por el contrario, he sentido orgullo, aprecio y respeto por ellas, pero en ninguna de ellas, como docente, recibí capacitación u orientación para aplicar su modelo pedagógico, el ejercicio docente se basa en la experiencia de enseñanza (no digo pedagógica) de cada quien, la respuesta de los estudiantes a tal enseñanza y la relación con los jefes. Aunque conozco los modelos pedagógicos, no parto de ellos para planear mis asignaturas, parto de los factores mencionados antes y no por eso he sido la piedra en el zapato de las instituciones, jefes o estudiantes.

Uno de los docentes menos eficientes que he tenido en mi vida es todo un pedagogo que nos apoyó en un módulo llamado Evaluación y seguimiento en un diplomado de formación universitaria contemporánea, precisamente porque él estructuró su módulo basado en un solo modelo pedagógico, previendo una tipología de estudiante que él supuso tendría allí, pero tanto él como nosotros nos estrellamos con ese modelo, no sirvió más que para sembrar mal ambiente e indisponer a los estudiantes (todos docentes universitarios), el mejor docente que he tenido en mi vida fue un hombre que no pasó de quinto de primaria, sin embargo, era profesor de física, electrónica, química, francés, español, filosofía (en once, en el colegio)… quien lamentablemente fue retirado del colegio por alcoholismo… pero el mejor maestro que he tenido en mi vida es mi papá, quien ni siquiera logró su título de bachiller pues en quinto de bachillerato tuvo la misión más importante… ser papá. Eso lo hizo convertirse en un maestro, y a sus 55 años le puedo preguntar qué sabe sobre modelos pedagógicos y seguramente no responderá.

Con todo el respeto que merece la pedagogía y los pedagogos, no me parece que sea ese el punto de partida para la educación, el punto de partida para mi es el deseo y necesidad de alguien de aprender, hasta ahora no he tenido la experiencia de que un estudiante me diga “profe, vea que acá en la universidad manejamos el modelo X y usted no está enseñando diferente…”, de hecho, ni siquiera en mi primera experiencia docente, dada en la UCC con estudiantes de educación infantil, cuando en medio de mi crudeza como docente les pregunté a ellas, futuras licenciadas en educación, cómo les parecía que les explicaba la teoría de la imagen y manejo de recursos didácticos, la más joven de ellas, (2 años mayor que yo en ese momento) me dijo con pasión y sabiduría, “profe, como usted se sienta mejor y como no nos haga conversar pendejadas en clase, sino participar”.

Claro que esa respuesta tiene implícitos varios modelos mezclados y desde lo instruccional, un modelo “en construcción”, pero eso no se da, ni se ha dado previo a un curso, sino durante la experiencia de conocer al otro.

Dentro de poco se gradúa uno de los estudiantes más creativos que he tenido en mi programa, él, tiene un serio problema de aprendizaje y atención, diría que fue desahuciado por varias universidades y nosotros le dimos la oportunidad de ser él, con compañeros “normales” y sin pensar que formarlo requería un modelo diferente, es claro para nosotros los docentes que no podrá ser gerente de una empresa, pero logramos el objetivo fundamental para nosotros, que él y sobretodo su familia creyera en sus capacidades como ilustrador y creativo y que sienta confianza para buscar clientes y ofrecerles su talento, de hecho, lo hace desde segundo semestre diseñando empaques.

Con todas estas anécdotas lo que quiero aclarar es que -para mí- los modelos pedagógicos en la educación no son ni principio ni fin, son solo referentes.