Pensamientos de Agapito sobre un 2009

A este perro en sinistrógira mirada, como evocando, recordando, extrañando la cantidad de sucesos ocurridos en el año que termina, a este perro parecido a la pared contigua, lo nombraré como Agapito.

Extrañará, Agapito, la cantidad de huesitos que don Heriberto le tiraba de vez en cuando, extrañará esas orinadas acaecidas en casa de doña Marta y sus consecuentes espantadas con agua caliente.

Este año le dijo adiós a “Lucha” la perra negra con la que tuvo sus contubernios y que fue atropellada por unos arrogantes jóvenes que montaban cuatrimotos.

Agapito, recordará por siempre, si es que los perros tal acción hacen, la vez que alguien le tiró medio pollo asado en vez de los escuálidos huesos que quedan después de la ruñida. Al parecer se trataba de Humberto, quien padecía un cáncer terminal y estaba cumpliendo sus últimos deseos, de los cuales, uno fue para Agapito.

Sigue Agapito mirando el 2009 y a su memoria vuelven los fantasmas de cinco perros en calor, que en febrero, lo confundieron con Toña, la hembra, y planeaban con insistencia, montárselo desconociendo toda norma biológica canina.

Agapito recorre con una mirada esimismada ese 2009 que se aleja y ladra de alegría, bienvenido sea un 2010, porque, este que termina, ha sido más mal que bien lo que fue.

Jericó, suroeste antioqueño.

Con un hambre la berraca y algo más…

Un mosquito sobrevuela la oreja izquierda que respetaron mis antiguos dueños no haciendole corte alguno. Vuela y zumba el zumbambico mosco sin dejar mi que mi placentera mañana prosiga con su lento sueño.

Aunque eso de placentero lo negociaría con ustedes, si de alimento habláramos un corto momento, pues desde la noche que ha pasado, alimento no pruebo.

Veamos: un hueso en la mañana, frío, pelado y hasta el tuétano chupado. Un poco de agua sorbida de dudosa procedencia ¿Sería Laika que alzó la pata?

Un pedazo de pan ¿yo para qué harinas? un trozo de manzana ¿aldegazar acaso necesito? y un raro bebedizo, fueron los únicos golpes de alimento ayer.

Tengo frío, tengo anemia, tengo dudas de mi procedencia, ¿cómo regreso a casa? mi olfato he perdido. ¿Correr o no correr? para perseguir llantas y ladrar de nuevo.

¡Qué cuentos! esperaré que la canina Parca venga por mí, con rabo de fuego y llamas de azufre, con tridente de hueso y marfil. ¿Qué estoy musitando? ¡Qué hambre más berraca!

Foto colaboración de Juan Camilo Orrego Soto.

Arte rupestre – Esténcil de perro

Y entonces el hombre quizo permanecer en la memoria por siempre, tomó de la sangre de los animales que cazaba, la llevó a su boca, la dejó allí mientras su mano se alzaba y se recostaba al muro, y allí mismo, como en un soplo de vida, el hombre, primitivo hasta entonces, escupió toda la sangre con la fuerza de su poder y dejó la sombra de su substancia en las paredes de la historia.

Este esténcil me recuerda esa costumbre de dejar huella, de firmarlo todo. Es el poder de la presencia, el poder sobre la cueva en el hombre primitivo, el la supremacía de unos pocos ante el artificio de la primera escritura.

Esténcil en el barrio Aranjuez, afueras del Museo Pedro Nel Gómez. / Más grafitis en Aranjuez

Un perro cogitabundo

Póker es un perro que vive en Santa Elena. Su dueño vive en la falda de una montaña pero él se mantiene en la casa del alto, donde se sienta con Juan a mirar la puesta del sol, cada tarde de cielo despejado. A veces uno cree que se ha quedado dormido pero sólo está de locha, escuchando lo que hablan, sintiendo que respiran, esperando una mosca, echado.

Colaboración de Gloria Cecilia Estrada del blog: http://eldesahogo-gloria.blogspot.com/

Cavilaciones de un perro flaco

- Qué pena señor bloguero, flaco no, delgado. Así me siento más cómodo.
* ¿Cómo te llamás?
– Arcadio
* Arcadio, vos no sos delgado, estás flaco y caído del hambre.
– Qué pena muchacho contradecirle, pero esta es mi costitución ¿así es que le llaman ustedes?
* Jajaja, Arcadio, no te engañés. Mirate nada más, no me vengás con esa. ¿Sufrís anorexia, acaso?
– Vea joven, le voy a confesar y eso, porque usted me cayó bien: a mí la comida de la calle me cae mal, no estoy enseñado a abrir las bolsas de basura los miércoles y sábados que pasa el carro. No le como hueso de la carnicería de allí abajo, por cochino que es ese tipo. He de decirle que soy muy asquiento, o como ustedes le llaman, escrupuloso. Me estoy comiendo este buñuelo, porque me lo obsequió un estudiante de la UPB, de otra manera no como nada. Aquí donde usted me ve, tengo un hambre tenaz y aunque usted me vea feo y sin raza alguna, así, criollo que llaman, yo no le como cualquier cosa a usted. Y la señora que me compraba guargüero en la plaza para hacerme caldos calienticos, se trasladó de barrio. Si vas a publicar algo en tu bitácora, escribe que yo soy feo, que mi apariencia no es la más recomendada a la hora de una adopción, pero que yo no le como cualquier cosa, yo como bueno, escriba, escriba pues en esa agendita. Yo tengo escrúpulos.

Imagen tomada en la Comuna 3, San Blas. Detrás del Itea de la UPB

Siga durmiendo…

Este Pastor Alemán -quizá luterano- reposa el almuerzo en una tarde calurosa en la vía que conduce de Puerto Berrío al departamento de Santander. Se nota en su aptitud, esa beligerancia y ese agerrido espíritu para la vigilancia de un retén ubicado en dicha carretera. Vigilante, alerta, vivaz y ágil, presto para el combate y la defensa de lo que es su territorio.

¡Qué va a trabajar él! si sabe que no va a tener pensión alguna, si sabe que ni Sisbén ni salud prepago. Qué esperanza guarda él sabiendo que si su salud desmejora, solo Acetaminofén le mandarían en la IPS.

¡Ah Mompa, tirame un huesito ome!

Este Mompa abrió tardecito hoy la carnicería y nada que saca la basura. Y él los jueves saca los calambombos que no le compran. (Silencio) Mompa, tirame un huesito ome, mirá que tengo el espinazo pegado y la tripa ya me suena. (Espera) ¿Y del tocino nada? Aunque sea un cartílago pa esta hambre tan brava.

Pensamientos de El Mono en Jericó a la entrada de una carnicería.

Agapito, el guardia de Palermo

En el atrio de la iglesia de Palermo, corregimiento de Támesis en el Suroeste de Antioquia, hay un guardia murrapo él, que desde el atrio observa la entrada de fieles al templo. Es Agapito, un pequeño criollo montañero, guardia y vigilante al servicio del Señor.

Se cuenta que por las calles de Palermo caminaba uno de esos loquitos que cada pueblo adopta, y que fue él quien adoptó a Agapito Once Varas desde que su madre, perra gamina y ambulante, murió en el mismo parto. Agapito pues, defendió a su amo, de los niños que de él se burlaban y piedra le tiraban. Una de esas piedras lo mató y como Agapito vio que llevaban el cuerpo de su dueño al interior de la iglesia, Agapito lleva así cinco años esperando que el loquito que lo amamantó de amor desde cachorro, salga pues por él, pa seguir dando vuelticas por el pueblo. Sin embargo, Agapito no mira para dentro de la iglesia, sino que mira a la distancia, buscando al infante que lanzó aquella piedra. Agapito lo busca para perdonarlo.

¿Ya conoces la vida de Pirulo?

Las mañanas de Pirulo en la 1

Madruga al pasar la primera buseta que del barrio granizal baja a Medellín y sale sin desayunar para comenzar el día persiguiendo llantas. No distingue de marcas, pero le gustan más las de motos, aunque varias patadas certeras han detenido su marcha de ladridos y mordiscos al aire. Así son los días de Pirulo, un ñervo robado en la carnicería, una que otra moto a perseguir y vigilar el resto del día a los extraños que por su territorio pasen.

Pirulo es descendiente de una larga lista de criollos sin pelambre alguno, antepasados nacidos de las perrerías ambulantes que corren tras de alguna hembra en celo. Pero del padre de Pirulo no se sabe alguno, se dice que su madre, que para nada a él parece, se dejó montar de ocho perros aquel día en que subieron los señores de la Alcaldía; ocho perros que probaron las delicias del rabo de Princesa, que por cierto hasta ese día durmió donde doña Minta la de la tienda, porque no la volvió a recibir, como si hubiera sido la primera vez de Princesa. Esa sí sabía para qué era el celo. Dicen que se parece a Manolo, a Danger, a Lagarto; a mí me suena que es de Viruta que tenía la misma bufanda blanca que lleva pirulo.

 

Imagen tomada en la Comuna 1 de Medellín / Salida de campo de la materia Color con alumnos. Ellos toman lo que les corresponde, yo tomo lo mío.

Es que no me dejan salir

Las caras están lánguidas, los ánimos en el solar. Ya me bañé pero aún así no me dejan salir. Mis amiguitos juegan y se burlan de mí. Yo hago la estrategia de decirle a uno de ellos que vaya y pregunte a mi mamá que si me deja salir, y él muy obediente para completar el juego, llama a doña Rita, “Oña Rita, que si deja salir a Mariana, ah venga, es un ratico no más, ¿Y es que se portó mal? – Mariana que no, que no la dejaron salir, que usted sabe porqué. ¿Y por qué?

Daniel, el perro de que vela cada día en la carnicería también está aburrido, él sabe que sin Mariana no juega.

Amáa, venga, un ratico no más. Yo no le vuelvo a contestar así, venga. / Imágen en Sopetrán, municipio de Antioquia.

El mejor amigo del perro

Pero para qué perro fino, cuando el criollo tiene más hermosa mirada. Para qué comidas artificiales, cuando estos agradecen cualquier huesito. Para qué enseñarle modales, cuando estos son puro cariño y lealtad.

Perros criollos, ecléctica mezcla de pedigrí con calle, de raza con pulga. Estos perros de calle sí saben vivir la vida sin preocupaciones del mañana o porvenir. No se estresan si no hay hueso o si no hay cobija porque saben que a la vuelta de la esquina puede haber cualquier ñervo para entretenerse. Si saben de hambre, la viven con su dueño. Si saben de indigencia, comparten frío y mugre.

Si su dueño es reciclador, ellos son vigilancia y control. Si su dueña es ama de casa, ellos son compañía y amor. Perros criollos, ambulantes y callejeros, su mirada es mejor que la de los de abolengo canino.

Este niño de botas Machita, adaptadas a las necesidades locales, posa y reposa al lado de un fiel compañero de vigilancia en parqueadero. Santa Fe de Antioquia.

Más historias de perros callejeros:

Perra Malagradecida

Mayo 24 de 2008 / El bombero de la estación de gasolina no quería mirar para atrás y mi esposa Diana no paraba de decir: “Ay la cogió ese carro, ay qué pesar”. Ya me imaginaba yo a esa señora descuajada al pasar de una llanta de automóvil.

Era una mona perrita criolla, atropellada por un irresponsable motociclista que huyó dejandola en mal estado, aturdida por el golpe, con el hocico sangrando, la columna desviada y una pata al parecer fracturada. Sucedió a la altura de la estación de gasolina en Cabañitas en Bello, un accidente que causó, por cortos instantes, un taco en la autopista norte. Sólo una pareja de motociclistas y un conductor de carro la auxiliaron, mientras otra perrita a la orilla de la vía ladraba como pidiendo auxilio para su congénere.

Allí comenzó un carrusel de llamadas a las entidades que creíamos, podían auxiliar el herido animal. Llamamos al 123 de Metroseguridad que nos prometió pronta ayuda. Pasaron 10 minutos, llamamos nuevamente y nos remitieron a Bomberos Medellín, quienes nos trasladaron a Bomberos Bello, que a su vez nos remitieron a una oficina de rescate animal, dependencia con la que nunca nos pudimos comunicar. Una patrulla de la policía pasó y no atendió las señales de nuestro llamado pasando de largo.

Nuestra espera se hacía larga y ninguna entidad acudía a auxiliar este animalito que no por menos, tenía derechos como ser vivo que es. Nuevamente llamamos al 123 y esta vez nos dijeron de manera directa que no tenían ingerencia en el suceso, pero que de todos modos ya habían ingresado la novedad y que llamáramos a Bomberos de Bello quienes nos podrían auxiliar. Llamamos nuevamente a los bomberos y después de repetirnos el teléfono donde nunca contestaron y de llamar ellos mismos a esa entidad que podía socorrer emergencias animales, nos dijeron que en ese teléfono no contestaban y que lo sentían, pero que Bomberos Bello no tenía personal especializado para atender nuestro pedido.

Terminamos una espera de 45 minutos, impotentes ante un auxilio que nunca llegó y cuando ya estábamos tomando la decisión de partir a nuestros destinos un poco tristes por abandonar la perrita que reposaba agazapada bajo un arbusto, temblorosa y sangrante, salió sin apegos ni despedidas caminando muy oronda rumbo a cualquier lugar, sin mayor cojera que la que tenía la compañera del motociclista que la auxilió y con su columna ya en mejor estado. Lo único que pudimos hacer fue reírnos copiosamente ante tal desagradecimiento. No ladró como para despedirse, ni nos miró como en agradecimiento, salió sin más ni más.

Pero nos quedó la rabia y la duda: ¿Quién entonces atiende estos casos?, ¿quién responde?, ¿quién auxilia a estos seres que sienten dolor como nosotros?, ¿No es el 123 la entidad que redirecciona las llamadas de emergencia que hacemos los ciudadanos de a pie?. Tal vez la “sabiduría animal” le dijo a esta criolla amiga que la ayuda nunca llegaría y prefirió no esperar más y partir.