¡Oe, oe! se coló, se coló

¡Pilatunas infantiles de otras épocas! Entre adminración porque reemplaza un suspiro que evoca recuerdos. Como jugar ‘Tintín Corre Corre’, osea, tocar puertas ajenas y salir corriendo para que no sepan quién fue y entre en desesperación la persona dueña del inmueble. Recuerdo una de las mías: ya no vivía en el barrio Manrique, de Medellín, pero estando allá en una visita, salí a la tienda donde siempre hacía los mandados; pasé por una casa y toqué la puerta y salí corriendo, en la esquina reflexioné y me dí cuenta que la dueña no me reconocería si me viera, así que me detuve y esperé que la señora saliera y desde la esquina le señalé que fui yo quien tocó en su vivienda, luego corrí.

Me colé en buses en la ciudad de La Dorada, en Caldas, junto con mi primo, hermano del alma, ‘Juancho’ y recorríamos toda la ciudad escondidos en la puerta de atrás, que era donde, lógicamente, uno se colaba. Mis ojos siempre presenciaron los famosos coleros que se pegaban desde la calle Ecuador con la oriental en Medellín, en sus bicicletas; tal aventura se hacía enganchando a la parte trasera del bus una cuerda a la que iba amarrada la cicla y así ganarse toda la subida hasta los inicios de la comuna Nororiental.

He de confesar, y no me da pena, que cuando nació Jacobo casí me colé en un bus, y digo casi porque fue con consentimiento del conductor para evitar tener que correr dos cuadras hasta la Clínica Las Vegas donde tenía parqueado mi carro y finalizaba una hora más de estacionamiento, parqueadero cuya hora es bien costosa. El caso fue que me monté en un bus a la altura del Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid y le dije al conductor que si me arrimaba “dos ‘cuadritas’ más allá”. Jajaja,, hay que burlarse de uno mismo. ¡No faltará el que te reconozca y le de pena ajena! jajajajajja.

Imagen tomada en la vereda La Mina, municipio de Amagá. He vuelto, Jacobo mejorando, papá y mamá también.

De misas falsas y entierros verdaderos

Una historia real…

De misas falsas…

Tres varones y una damita, hermanos ellos, convocaban a la muchachada del barrio Santa Teresita, a participar del acto litúrgico que estaba por celebrarse en casa de doña Virgelina, allá en el Yarumal de los sesentas.

No era de extrañar que fueran los niños, los que llamaran a participar de los rituales cristianos, pues, estos valores estaban arraigados en el barrio desde su fundación, por parte de Los Misioneros Javerianos de Yarumal. Este barrio estaba ubicado, además, entre el seminario y el cementerio del municipio. El imaginario colectivo e infantil, por tanto, era alimentado por cantos, sahumerios, entierros, penitencias y vivas al cristo resucitado.

Sin embargo, el sacrificio que estaba por ocurrir, es decir, la misa, no era como las que se celebraban diariamente en el seminario. Esta misa iba a ser oficiada por los cuatro hermanitos convocantes y era parte de sus juegos y pilatunas infantiles.

Uno de ellos, quizás el mayor, preparaba un improvisado altar en algún espacio de la casa y ponía sobre la mesa lo que fueran, las especies de la sangre y el cuerpo del Señor: leche, fruto del sudor y el ordeño del hombre y banano, cortado en tajadas.

Así era. En Yarumal, jugaban a la misa y en lugar de vino y de hostia, John Jairo, Jorge, Edgar y Patricia; servían leche que tapaban con un trapito blanco, y banano que partían en finas tajadas a modo de hostia, y eran levantados incluso, como en el ritual verdadero para una transubstanciación que nunca ocurriría. Los niños que aceptaban la invitación y que hacían de feligresía, asistían no tanto por el ritual en sí, sino, por disfrutar de la leche con banano ofrecidos mientras los ministros del juego cantaban a coro: quien cree en ti Señor, no morirá para siempre.

De entierros verdaderos

Pero en las pilatunas de estos cuatro muchachitos, no estaban solo las misas, había también un juego más fúnebre, algo más que una maldad inocente: los entierros.

Eran los días en que doña Virgelina, madre de estos zumbambicos, reposaba sus 40 días de dieta materna y desde su cama preguntaba: ¿dónde están esos muchachos? – Ellos iban como pa bajo, boliando una olla y cantando. Respondía alguna voz familiar.

En el solar de la casa, había un tanque grande donde guardaban agua para lavar las marraneras y darle de beber a los pollos. En este tanque de agua, los hermanos mayorcitos metían algún pollo extraído del galpón familiar, para quitarle la vida ahogándolo.

Una vez el pollo dejaba de luchar con sus plumas, patas y alas para defender su vida, este era echado a una olla de aluminio y llevado por los niños, por el camino que va al seminario, buscando alguna casa de tapia destruida y abandonada, para enterrar allí, los despojos del recién finado. La caminata se hacía a borde de carretera a la vez que se le cantaban los responsos correspondientes.

Hallada la tapia, abrían en ella un hueco donde pudiera reposar el ahogado. La cavidad era sellada con piedras y tierra, como lo veían en los entierros verdaderos de los que tantas veces fueron testigos, y terminaban el ritual rayando cualquier garabato, como identificando la tumba a la espera de mejor lápida. De vuelta, los niños terminaban su procesión con el mismo coro que cantaban en sus “eucaristías”: quien cree en ti señor, no morirá para siempre.

Y así, estos loquillos regresaban con la olla vacía y un pollo menos en el inventario del galpón. Una vez llegados del entierro, doña Virgelina los confrontaba: ¿Dónde estaban, jovencitos? Enterrando un muerto. ¿Y qué llevaban en esa olla? El muerto ¡Un muerto no cabe en esa olla! Y ellos, sin poder ocultar por más tiempo la inocente maldad, confesaban los detalles del entierro.

De vez en cuando, y como parte del mismo juego, estos muchachitos visitaban el improvisado cementerio para rezar por el “alma” del pollo.

Hoy, Patricia Gil, compañera de trabajo en la Secretaría de Educación, me confirma que, aunque tenían familiares sacerdotes, ninguno de sus hermanos optó por esta vocación. John Jairo murió a los siete años, Jorge es médico; Edgar, profesor y Patricia, pedagoga, maestra de maestros. -¿Y vos, de qué te acordás?-