Ritmos cotidianos en la Plaza de mercado de Bello

Se madruga. ¿Dónde está la talega? – Se espera que los veintemil rindan. Se espera el bus, otros bajan a pie. Se llega, se camina y se comparan precios. Se pregunta de nuevo, y ya, teniendo los precios de la bolsa popular, se llena el talego con líchigo y se camina buscando más.

Se compra, se pide rebaja, luego de eso se pide la encima, encima se recoje una papa que hay en el suelo, está buena. A cómo la panela, a cómo la habichuela, a cómo el chonto, a cómo esa verbena.

Se llega a la casa, se pone la olla, se levanta el sanchocho que es lo más rápido que se puede hacer. Se sirve la mesa, se pica el cilantro, se come en plato de peltre, se sorbe la sobremesa, se limpia en la manga, se saca el palillo, se chupa pa dentro.

Y así mismo pasan los días de los que de lo alto descienden, bajan y se entretienen, suben y se detienen, en el devenir contínuo de sorbos y de comidas, de sudor y de sueño lento. Una siesta, me levanta ligero.