Sonrían pues, digan güisqui a ver

Tímidas ellas, muñecas tristes, relleno de trapo, un ojito “apachurrado”, puchero enojado. Un policía desarrapado, mostacho cincuentero, atalaje casero. Bailarina de dos velos, de cabello rebelde. Un súperman ajeno y una religiosa monalisa…

No te limpiés la boca carajo que te borrás el mostacho. Ponete sandalias que a pie limpio no salís. Quitate esa carajada de la cara que no sos nevera pa pegarle pendejadas. Peinate verónica, qué son esas mechas. ¿A vos también te dio por pegarte chicles en la frente?. – No es un chicle. La misma vaina, no sé quién te enseñó esas mañas.

¡Ay Zoila, dejá esa cantaleta! Mirá esos pobres que ni sonrisa mantienen. Si los vas a sacar, sacalos bien… y no los zarandiés que ellos no caminan como vos. Mirá ques el único día que se les puede dar dulcesitos. Consideralos boba, que no van a pagar ellos, por solterona vos.

Plaza de las “Luces” (Qué risa) / Hermosos niños de linda alma, bajo el cuidado de dos madrinas. Sólo extrañé la sonrisa en cada uno de ellos. Aún así son bellos. Octubre 31 de 2008

El que es caballero repite

De mirada interesante, carrizo relajado y barba rebelde, posa este hombre al que yo llamo vagabundo. Porque para mi hay diferencias entre gamín, indigente y vagabundo; y este es vagabundo de los originales, de los que yo veía en las revistas de Periquita con bulto al hombro.

Lo gracioso es que meses después, quice tomarle fotografía a otro vagabundo en la misma plaza de las Luces en Medellín y cuando le pedí permiso para tomarle el poncherazo, este hombre se acomodó de tal manera que parecía un Déjà vu la tomada de tal foto. Resulta que este segundo personaje era el mismo que ya había registrado, solo que estaba afeitado.