Un Raudal de Pasiones

 

 

 

 

10 de junio de 2007

 

Para Mariano, ese domingo se tornó diferente porque los ojos de Deisy conquistaron sin proponérselo a este hombre de nostálgico mirar, ese mismo día conocieron su desnudez entre sábanas curtidas y respiros jadeantes. Se mezclaron, llegaron y se fueron previo estipendio de 20.000 el rato y 10.000 la pieza.

 

Deisy es una de tantas chicas de amor austero que sobrevive entre mecánicas convulsiones y cuyos contratos carnales los cierra a las afueras de El Raudal N°3, una heladería ubicada en la esquina de Cúcuta con la avenida De Greiff.

 

Pero el oficio de Deisy no fue óbice para que Mariano de 45 años de edad, depositara en ella un poco de si mismo y comenzara a visitarla casi a diario, no solo para destender camas una y otra vez, sino también, para iniciar una relación de amor con protección y padrinazgo. Como consecuencia de estos frecuentes asaltos de pasión, Mariano comenzó a enamorarse de esta Deisy de cobros en efectivo y a encapricharse con un “yo” redentor que exorcizara en ella, esos viejos fluidos alojados en oscuros recovecos de su feminidad y de su mente.

 

Mariano comenzó a menguar las cargas de Deisy mercando para ella cada mes, pagando sus recibos de servicios públicos, comprándole ropa y regalándole incluso una lavadora para que se le hiciera más fácil la vida en casa y menos tortuoso ese oficio licencioso. Mariano me hablaba de ella como la salvadora de su soledad, su voz se pausaba, su mirada se perdía entre imágenes pasadas. Se emocionaba al contarme que llevaban dos meses y que ella recordaba el día que se conocieron. Sus ojos tenían sin embargo un brillo mate.

 

Diciembre de 2007, seis meses de noviazgo implícito y la paz no reposaba del todo en el corazón de Mariano; los besos en esta relación se tornaron ausentes y las caricias se extinguían, Deisy no era la misma de aquellos incipientes días. Tatiana, una amiga y compañera de oficio de Deisy impulsada por la bondad que le despertaba Mariano, abordó a éste, en un casual encuentro en la Plaza de las Esculturas y le invitó a tomar café en una cafetería cercana para desenmascarar el verdadero corazón de su amiga.

 

-Es que ellas son fregadas. Entre ellas se tiran muy duro- Me comenta Mariano.

 

Tatiana, que sabe de esta relación, sabe que las cosas están mal entre Mariano y Deisy, o mejor dicho, sabe que nunca han estado bien. Ella le hace saber a él que ha estado buscando alegría entre brillos de oropel, pues, todo lo que Mariano le contaba a Deisy sintiéndola su amiga, su pasado, sus temores y esas confesiones que no quisiera uno decir a cura alguno, todo ese acervo de oscuro tinte fue burlado por ella que todo lo contaba, que lo revelaba con imperdonable morbo. Deisy había violado esa tácita reserva del sumario que se presupone entre cliente y esquinera. Mariano había sido burlado, vendido y nunca amado.

 

Mariano cita a Deisy en la Plazuela Nutibara para preguntarle cómo hacía para desenamorarse de ella, pero un esquivar de esos mismos ojos que lo conquistaron y un silencio cómplice, dieron por terminada una relación que jamás existió. El silencio de los días siguientes corroboró que Mariano nunca fue importante para ella y que solo significó ropa, solo mercado, solo una lavadora, solamente un altruista voluntario y pasajero, solo un pago de servicios y 20.000 por sesión.

 

Febrero de 2008 – Día de mi entrevista con Mariano

 

Una atestada cafetería del centro de Medellín me sirve de confesionario para que Mariano me cuente su particular historia. Sus palabras me parecen párrafos a doble espacio con puntos suspensivos en cada esquina, con miradas perdidas y silencios de cuatro tiempos.

 

-¿Deisy siempre te cobró o llegaron a un punto de la relación donde no te cobraba por hacerlo?- Le pregunto a Mariano.

-¿Sabes?, era como un apoyo más bien. Era una manera de ayudarle.- Me respondió él.

 

Mariano reflexiona por segundos su propia respuesta y me mira con una risa débil y cae en la cuenta de que siempre le cobraron el rato, de que nunca hubo un servicio gratis, de que nunca le dieron siquiera un descuento.

 

Marzo de 2008

 

En una segunda entrevista, Mariano me cuenta que una semana después de las revelaciones que le hiciera Tatiana, él decidió pagar por los servicios de esta meretriz celestina amiga de Deisy, para elaborar así el duelo de un engaño de seis meses y retar al dicho de que un clavo saca a otro clavo. Mariano se ríe maliciosamente y me cuenta que estuvo saliendo con Tatiana hasta hace poco, hasta que ella, en una llamada algo irónica le dice que cuando quiera baje por allá (Al Raudal), que de todas maneras yo sé que usted ha estado yendo… Tatiana lo decía porque se dio cuenta de que Mariano había estado esos días con Denis, amiga de las dos y a quien mariano conoció antes que a Deicy en el Raudal N°3, un raudal de pasiones.

 

-¡Es que yo le dije… ellas son muy fregadas y se cuentan todo! – resalta Mariano. La verdad también es que Mariano es ¡bien fregao!