Los postes, mensajeros de anónimos caminantes

Se alquilan habitaciones, se necesitan masajistas, se perdió Lulú, se perdió Fifí, Se necesitan mensajeros, se necesitan fileteadoras, se busca billetera, recompensa a quien…

Los del Sur, Rexistencia Norte, busco amigo para todo, Lina te amo, Marta te odio, Vendo cachorros de tacita de té, leo el tarot, le regreso a su ser amado, se perdió Danger, busco a mi dueño.

Así son los postes, columnas fálicas de la urbe, que superando su función, se tornan en carteleras omnipresentes en esquinas, calles y carreras. Paredes donde el silencio se rompe, muros donde fanzine se pega, donde el pasquín grita sin firma y grotescas tipografías hacen lo suyo.

Los postes son carteleras no oficiales, leídas y comentadas, sirvientes de lo subterráneo, colaboradores del silencio, boletines del punk, soporte para el esténcil y eternos amigos del borracho querendón.

Poste en las afueras de la Universidad de Antioquia. Calle barranquilla.