Rodrigo, Medias de Seda

Quise tomarle la foto como voyerista que se complace en la gestualidad humana. Quise acercarme despacio, como cazando una presa visual. Quise capturar la luz de su substancia… ¡pero me pilló!

Y entonces como él ya me conoce, me acerqué y le saludé como siempre que paso por Carabobo a las siete y cincuenta de la mañana. A esa hora, Rodrigo, así se llama este amigo, espera que el dueño de una cacharrería le regale siete cartones para el reciclaje. Y digo siete cartones porque la verdad es que no recicla más de lo que alcance a amarrar con un trozo de cabuya.

Ya le había tomado fotos a Rodrigo, dándole en contraprestación, monedas para el tinto en diferentes mañanas. Quise simplemente, hacerle su foto estudio para que quede de él memoria.

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El señor, Medias de Seda

Ser enigmático, habitante asiduo de la carrera Carabobo. Todas las mañanas usted lo verá a las 7:50, esperando que abran un almacén en particular, a la espera de cartón y papel para reciclar. No pide en otro lugar, ni tampoco su oficio es reciclador. Don Rodrigo, solo elige el material que el almacén de siempre le guarda y ya. Rodrigo hace su trabajo de clasificación de manera lenta y parsimoniosa, viste sus manos con un par de medias nonas y no es por escrúpulo que lo hace. Rodrigo me cuenta que las empezó a usar una vez que un perro lo mordió y lo que más me sorprendió… Se quitó las medias que usa día y noche para mostrarme sus manos; eso fue un acto de confianza que todavía me sorprende. Sus manos son blancas ya por la ceguera solar a la que son sometidas.

Ese es Rodrigo por si se lo encuentran y algunos le llaman, Medias de Seda. En las mañanas lo ven en Carabobo, en las tardes lo verán en la plazuela de la iglesia de la Veracruz haciendo nada. Invítelo a tinto.