Carencias materiales producen ingenios perdurables

Detrás de la cotidianidad que me gusta está la recursividad necesaria para resolver carencias materiales. Está la adaptación a las circustancias que configura la economía. En los barrios altos de las comunas marginadas de Medellín, abunda la creatividad aplicada a la lúdica, al mercadeo de objetos, a la creación de objetos o adaptación de los mismos. Las necesidades de diversión, trabajo, compra y uso de objetos últiles; son resueltas con un ingenio que para muchos se presenta cómico.

La necesidad de comunicar un mensaje prima sobre la orto-grafía conocida por el emisor del mensaje. Importa el contenido, la escencia, el resultado final. La necesidad de diversión invita al niño a no mirar marcas ni material del juguete, importa sí la capacidad de satisfacer las necesidades motrices que inviten a la diversión.

En la imagen, una pelota hecha de trapo, forrada por un plástico que la retiene y reforzada por un elástico que la amarra y sirve además para atarse al dedo y jugar con la pelota simulando una raqueta conla mano.

La cuestión es que la ropa se seque

Colaboración de Juan Camilo Orrego Soto

En todas encuentro la esencia de los barrios de la periferia y de su gente, que pareciera negarse a perder las tradiciones de donde venimos (Camilo nació en Apartadó).

No importan mucho las últimas tendencias en publicidad. No se cocina en la calle, En la ciudad, el fogón de leña es reservado para aquellos restaurantes finos que lo anuncian. La ropa se extiende en un patio, en una ventana, en un tejado, en la terraza. En fin, así somos nosotros, al fin y al cabo, todos somos iguales y venimos de la misma tierra.

El mundo encima de una terraza

Natalia, una niña del barrio Santo Domingo de Medellín, no tiene que preocuparse por buscar salón para festejar su ritual de iniciación a la madurez femenina, pues la verbena de sus quince, se realizará en la terraza de su casa.

Y es que la terraza es aquel territorio de las casas de los barrios altos, donde se consuman fiestas, pero además: se secan ropas, se guardan trebejos, se jubilan juguetes, pelechan matas, se baten natillas navideñas, se ponen a calar sancochos en leña y hasta se broncean las que no pueden salir a pasear.

Algunas terrazas son apenas el proyecto de un segundo piso a medio comenzar, con varillas asomadas como huesos, presos del hormigón, que esperan trenzados y lo seguirán haciendo hasta que el presupuesto sea bondadoso de nuevo. La geografía de este Valle de Aburrá, permite que las terrazas de nuestro territorio, sean también, entretenidos asomaderos, balcones para otear la ciudad que a lo lejos se percibe como muda y sosegada.

Una picaresca estética habita en estos techos planos que llamamos “planchas”, allí el estendedero comparte espacio con el lavadero, y éste último, acoge silencioso todo un conjunto de herramientas para el aseo: cepillos de dientes redefinidos, la coca o la ponchera para el agua, la barra de jabón azul o en su ausencia, una bola hecha de sobrantes variopintos de jabón.

Una breve mirada desde las cabinas del sistema Metro Cable del Metro de Medellín, nos adelanta la manera como son apropiados esos lugares domésticos: hay planchas que se convirtieron en un lienzo de concreto, telas de hormigón con mensajes de vida pintados sobre ellos, agradecimientos políticos, escudos de los equipos de fútbol preferidos, en fin, vallas, letreros, avisos y hasta la plástica; han decidido reposar en estas planchas de barrio.

Debido a ese paso alto de las cabinas del Metro Cable, hoy en día las casas han perdido parte de su privacidad aunque han ganado en belleza y organización. Se sabe que alguien desde arriba los mira y que ahora tenemos acceso visual a la lavada de ropas, al baño con agua echada, a los besos furtivos de amores juveniles o a simples momentos de descanso.

En la terraza vive el perro y se asoma el gato, se crían pollos, aterrizan palomas, come la tórtola y se asoman de manera permanente, los voyeristas amantes de techos ajenos y de historias vecinas. En ellos también se rascan guitarras, se entrenan grupos de punk, como lo recrea Víctor Gaviria en su laureada Rodrigo D No Futuro. Se vive, se sueña y se planea sobre cuartos invisibles.

Además, no lo neguemos: allí la ropa se seca más rápido que en claustros y apartamentos, y si el tiempo no es el mejor: entrá la ropa que se largó el agua.

Roland Barthes sería feliz registrando lo que tanto encuentro en las terrazas: plantas curativas sembradas en bacinillas de segundo uso, la penca de sábila, la planta de marihuana para hacer alcohol medicinal, los juguetes oxidados del niño que hoy tiene 25 años, la bicicleta barnizada en polvo, la moto de plástico, tarros viejos por que ¡uno no sabe!, llantas, zapatos sin par, cajas de gaseosa, muñecas sin cápita, ropa colgando y personajes asomados con el patrimonio más placentero del día a día en los barrios obreros: balconear mirando a la distancia para olvidar un instante de cuentas, sudores y malos humores; sintiéndose dueños de una panorámica que no sabe de estratos bajos ni altos y que permite que obreros y dueños sean todos los mismos.

Contra el desplazamiento y el secuestro pintan en la 1

Músicas industriales suenan y retumban en corazones adormecidos. Gritos de juventud que claman libertad y no consumismo. Miradas que ruegan que los tengan en cuenta. Sonrisas aplacadas por el peso del olvido. Llantos infantiles que se hacen más estridentes. Pitos de buses que descienden del barrio endemoniados. Maaaaasamooooorraaaa, aguacate madurooooooo.

Ropas teñidas de rojo cuelgan de alambres arriba en la terraza. El chocolate es calentado esperando la parva*. En la tienda se deben 24.900 pesos. Jairo no ha dado lo del mes ni lo del colegio del niño. Dos tiros suenan, deben ser en la esquina de abajo. Mataron al Ñato. Llueve y dos casas más se cayeron en ese peladero de allí. Se arreeeegla la ollaaaaa presiónnnn se arregla.

Festival de jip jop, la grabadora rebobina el caset martillado del Negro. Doña Paila, eme un cuarto e salchichón y una manzana. Usted me debe ya cinco mil jovencito. La cucha se los paga Oña Paila, no se preocupe. Chirrean las llantas de un bus, casi atropella a Mireya. Entre la ropa que va llover. Una cometa se enredó en la primaria. Llegaron más desplazados que maricada, ya no cabemos. Alguien sabe dónde es el gobierno. Tierra e capote musssggoooo.

Una mañana de sonidos en la 1. Imágenes de murales tomados en el Parque Biblioteca España, barrio Santo Domingo. Salida de campo de la materia Color, Tecnología en Diseño Gráfico. Uniremington.

Parva: Pan, tostada, calado y demás delicias hechas con harina de trigo. Panadería.

Inventario de un techo en Santo Domingo

Es sabido por antropólogos, que se puede conocer el ritmo de vida de una familia a partir de la basura que saca para su respectiva recolección. Dispongo aquí, un inventario de cachivaches arrojados al techo de esta casa en el barrio Santo Domingo. Los datos fueron sacados de la foto en alta resolución.

·         Camisa, otrora blanca.

·         Trapeadora

·         7 pepas de mango

·         Casete, lado A

·         CD

·         Botella de cerveza

·         Zapato derecho

·         Pulgada de tubo pvc

·         Vaso de yogurt

·         Pila grande

·         Pila AA

·         6 tapas de gaseosa

·         Un calcetín

·         Cáscara de banano

·         Cepillo de dientes

Esto no es basura. Son señales, indicios, signos de vida. Comportamiento, uso y desuso