Las chivas de Salento, Quindío

Los tiempos han cambiado. Para salir de Medellín en viaje inter municipal, había que ir a un garaje en la zona industrial de Medellín, pues, las terminales del Norte y del Sur no existían aún. Era un atracadero eso allá. Una vez te entregaban el tiquete, te decían en que bus debías montarte. Uno se asomaba y deseaba con intensidad que le tocara a uno viajar en Pullman y no en esos buses de rejilla atrás.

Luego llegó el ThermoKing y su hermoso corte aerodinámico, más tarde, el Rey Dorado y quedamos deslumbrados con el Scania de doble televisor y baño bajo nivel del piso.

Con el Pullman, había que ser pacientes con la continua paradera, pues no tenía baño, quién iba a pensar en un bus con baño. “¿Don señor, para, para orinar?”. Si el conductor estaba de buen genio, lo dejaba bajar a uno hasta la carretera, junto a los pastizales para esconder lo que siempre escondemos. Si el chofer estaba mal genio, no paraba “hágale ahí desde la puerta” y era cuando uno jugaba con malabarismos para no mojarse a sí mismo.

Pasear es muy rico en todo caso. Chivitas para empujar en Salento, Quindío.