Las velas como imaginario religioso

Están a la venta en un puesto itinerante, temporal. Están allí, apagadas, como energía potencial de una oración, petición o agradecimiento. Mientras no se encienda el pabilo, la oración no sale de su cápsula invisible. Entonces, los penitentes o simples creyentes la compran en transacción mundana, para ser santificadas mediante la petición del corazón; adentro, en un templo o en las casas; en negocios o de manera inexplicable en intenciones para nada santas de sicarios y malevos.

Una vez adentro y en ritual humano, la vela es encendida para que la oración comience a humear y a subir a los cielos invisibles, física esta desconocida por nosotros. La petición, entonces, se convierte en llama en llama encendida que con alquimia invisible se hace invisible y “sube” a tronos desconocidos: la llama, la oración o el agradecimiento.

Luego, el penitente se olvida que dejó una vela encendida y vuelve a las lides humanas; al pecado y a la culpa; al arrepentimiento y a la buena obra, para luego comenzar un ciclo interminable que llega hasta el momento de la muerte donde se encienden todas las velas del alma, procurando no perdernos entre lo desconocido, más allá.

Así son las velas que hablan el idioma inefable de la oración. No se sabe porqué, a veces causan estragos en tierra, quemando negocios, casas, vidas, sueños. Algunos culpan a la idolatría; otros, al expiar de los pecados; otros, simplemente saben que el fuego quema y arrasa.

El caso es que las velas son el significante que contiene palabras encerradas en la cera; alaban con su baile en llama, alegran corazones y adornan momentos de pasión. La llama es y será siempre la dominación del fuego, nuestro vínculo con el pasado pre-histórico, con la luz y la caverna; con el pecado y el anhelo de santidad.

La matraca

La matraca era el nombre que le dábamos en mi casa a un reloj despertador bastante desbaratado y terco para morir. Se trataba de un reloj que dividió su vida en varias etapas. Era un reloj para mesa de noche, barato él, sin abolengos de marca o metal.

Su primera vida fue brillante y funcional, su siguiente etapa fue golpeada y algo pelada, sin embargo su timbre era ensordecedor y se destacaba no solo en las primeras piezas del hogar, sino en los hogares de ultra muro.

Luego le llegó una etapa extraña, donde, debido a los golpes, su funcionamiento era perfecto sólo si se ponía de lado como caído y protagonizando el “3” la posición del “12”. Le llegaron los males de la vejez, pues este reloj barato ya rayaba los 45 años de edad funcional hasta que su mica o vidrio de protección, reventó. Ya no había que moverle desde atrás la manecillas porque se podían mover de primera mano por delante.

Los amigos de la casa que amanecían en ella, no entendían la nueva estética funcional de la matraca y lo ponían parado como debe ser, con el 12 arriba, pero de terco el reloj se detenía. Estaba enfermo ya. La hoja con los números se oxidó ya muy rápido sin la protección del vidrio y fue en una de sus tantas caidas en la que quedó manco del horario. La matraca había muerto contados 48 años aproxiadamente. ¡Y era un reloj barato! sin abolengos de marca o metal.

Imagen en la Semana Santa de 2008. Ritual del toque de la matraca en viernes santo. Envigado.

Gracias señor por la avena

Un sobrino de mi esposa Juan Diego Gallego Blandón a sus cinco años oraba así: …y Señor, gracias por las avenas, gracias te doy señor por las avenas porque sin ellas no podríamos vivir…

Uno creería que el niño es muy sano y su alimentación muy saludable, para darle gracias al señor por dicho cereal, pero ante la pregunta de mi esposa de cuál avena era que estaba tan agradecido, Juan Diego respondió señalando esas líneas rojizas por debajo de su piel, nuestras venas.

A lo que quiero llamar mi atención, es acerca de la mejor oración que existe, esa de agradecimiento al creador por tanta belleza, minucia, color y sabor en este mundo. Nuestra oración en cambio se ha dejado permear de la bolsa económica y de tanta noticia con ictericia. Nuestra oración es un pliego de peticiones permanente, de demandas y tutelas al Verbo Divino. La oración de los infantes es el resultado del peremne asombro de los porqués respondidos por los adultos curtidos y corruptos. la oración del púber es la gracia de Dios que sube humanizada con aromas infantiles. Nuestra oración es ganar los números de la henchida lotería, la del niño es agradecimiento porque aprendió a contar con los mismos dígitos. Nuestra oración es un carro, la del niño es la ofrenda de su carro de juguete para que Jesús se haga pequeño y juegue con él.

No esperemos estar en cama, heridos, cuadripléjicos para dar gracias por la lotería que ya hemos ganado: Ver, oír, saborear, oler, caminar, sentir, vivir, amar. Gracias señor por las venas, porque sin ellas no podríamos vivir. Amén.

Imágenes tomadas en semana santa, iglesia Nuestra Señora de la Candelaria, Parque de Berrío. Medellín – Colombia.