A Sócrates lo castraron

Salía de la Universidad de Antioquia de conversar acerca de mi experiencia con el blog a unos estudiantes de Periodismo por invitación de Carlos Agudelo, docente y director de De La Urbe, y me disponía a prender mi moto cuando una escena robó mi atención.

Una chica joven se comportaba tierna y sospechosa con un gato que aceptaba gustoso, las caricias de ella. Esta joven universitaria, cuyo nombre olvidé, instaba al felino a que entrara a una jaula portátil de transporte animal. Sócrates como me dijo ella que se llamaba el gato, se desperezó poco a poco y fue accediendo ante las zalamerías de la joven, y guiado por el olor que le atraía desde la jaula, fue sigilosamente entrando hasta que se acomodó allí dentro sin más ambages.

Pero Sócrates, que no es tan bobo, salió de nuevo como previendo que no todo era tan bueno y con esa malicia felina, comenzó a retozar con esta chica, ante la mirada de tres personas que habíamos caído en la curiosidad del evento.

- ¿Y tú estudias veterinaria o algo así?
* Nada. Economía (Sonríe como sabiendo mi reacción)
– ¿Pero estás en algún proyecto de investigación?
* No, para nada. Voluntaria con los gaticos de aquí de la universidad, que ya son muchos. Simplemente los llevo a una veterinaria y allí los castran.
– ¿Y a este lo conocés?
* Sí, este se llama Sócrates.

Prendí mi moto y los dejé ahí, jugando. Quizás él se la pilló y a punta de jueguitos la estaba convenciendo de que dejara las cosas así, en su punto. El caso es que hoy Sócrates ya debe maullar un poco más agudo y sin prole qué cuidar.

Fotos tomadas en la Universidad de Antioquia. Las imágenes amplían.