No juzgar a nadie por sus zapatos

  • Podría convertirse en un gran ingeniero.
  • Quizás llegue a manejar un bus.
  • Podría morir de manera prematura.
  • Podría coger un vicio, tocar fondo, salir con las heridas correspondientes, oler a quemado, salir de ese infierno y convertirse en un gran líder comunal.
  • Puede que consiga una chaza donde llegara a vender chicles y cigarrillos.
  • Podría ser apadrinado por una institución y terminar estudiando en Alemania.
  • Quizás se vuelva un polizón y llegue a Hong Kong donde entre a alguna mafia.
  • Podría dejar embarazada a su vecina dentro de dos años más.
  • Podría ganarse una lotería después de cuatro años y tres meses de comprarla seguido.

No sabemos cuál será el futuro de este niño y por ello no podemos juzgar su presente. Este joven, solo está mirando los buses que bajan de su barrio al centro de Medellín.

Foto tomada en el barrio San José la Cima, conocido como San Blas. Comuna 3.

No es una suela cualquiera

  • No es una suela cualquiera.
  • Es la señal del paso del hombre por el río
  • Es refugio para renacuajos que allí descansan
  • Es la pela que se ganó algún muchachito por botar el siniestro tenis
  • Es una zapatilla libre y jubilada
  • Es una suela terca, soberbia ante la corriente del río
  • Es un tenis solitario, sin su simétrico mellizo
  • Es una zapatilla sin par
  • Es la suela de una zapatilla, de un niño que perdió su pierna izquierda en algún campo minado
  • Es basura para los ecologistas
  • Es una cuna para el plancton que allí anida
  • Es la felicidad de algún fotógrafo
  • Es la pieza clave de un asesinato
  • Es el sobrado que dejó la Parca, después de llevarse al niño Julián
  • Es un pedazo de caucho
  • Es la maceta acuática para las futuras algas
  • Es el obstáculo que ataja palitos y piedritas
  • Es un Croydon talla 37

Ritual de despedida

¿Quién fue el primero que colgó los tenis en los cables de energía de algún barrio? / ¿Será que este particular ritual se realiza como una manera inconsciente de preservar la existencia propia? / ¿será como trofeo que se expone tras el alcance de una meta? / ¿Por qué este ritual de despedida para los zapatos viejos? / ¿Para qué retiro tan ostentoso, tan visible, tan cariñoso? / ¿Será ese miedo a la “cosa” extinta? ¿a la muerte última?

De pequeño vi, cómo después de un partido de fútbol barrial, el goleador se despidió de sus zapatillas desgastadas, amarrándolas de sus mismos cordones y lanzándolas al aire como a birrete de grados, y verlas enredarse en los cables primarios de energía, sin mayor despedida que su sonrisa.

Ojo al avión arriba de las zapatillas.