El ejercicio de trapear

Para trapear, hay que agarrar el palo con fuerza y hacer zig zag caminando hacia atrás, teniendo en cuenta llegar con los cabellos de la trapeadora hasta el borde de pared, y ojalá haya zócalo para que esa pared no quede negra.

Se deben dar varias pasadas:

  1. La primera para barrer, si aún no se ha barrido. Esta pasada no es tan exigente, es por ‘encimita’ y sin tanta exigencia. Pueden quedar parches sin humedecer puesto que sólo es para desmugrar el piso.
  2. La segunda pasada se hace con la escoba más húmeda, ‘chorriando’, incluso. Esta pasada humedece el piso, lo estrega y se hace con un poco más de fuerza que la anterior.
  3. Para la tercera ‘pasadita’ -como dicen las mamás-, se pueden enjabonar los cabellos de la trapeadora con jabón azul -el famoso Rey- o con jabón de coco. Con más fuerza, por favor, que la limpieza se hace exigente.
  4. A la cuarta, la que lava está cansada pero animada, y el que trapea está sudando. No pierda calor. Se lava la escoba y se le da la pasada para quitar el jabón. Esta ‘pasadita’ enjuaga el piso.
  5. A la quinta pasada, no se le puede exigir rapidez al ejecutor, el cansancio se hace notar. La quinta se hace con la trapeadora muy seca, bien escurrida puesto que ya ‘estamos’ secando.
  6. Una pasadita más ¡porque así son las mamás!, siempre insatisfechas.

A esta altura se puede tomar un juguito, porque los traguitos fueron al levantar. Saque ánimo y siga mijo o mija, porque apenas vamos en la sala y falta el resto de la casa. ¡Hágale pues!

Contame cosas de trapiadas: lo que te encontrabas bajo la cama, curiosidades, peleas, desobediencias… ¡contame!

Amigas posudas

Tan pinchadas ellas ahí todas posudas pues. Tomando el sol de la mañana en La Ceja, Antioquia. Secando sus largas cabelleras después de una breve jornada de aseo. Cabelleras y zapatillas coloridas, alegres ellas y sonrientes.

Me pareció gracioso ver como estas trapeadoras posaban como para una foto, así que ahí se las tomé.

La escoba, la trapiadora

Seis de la mañana, al que madruga Dios le ayuda. Este amable señor recorre los barrio del Popular 1 entre las estaciones Popular y Andalucía vendiendo su merca. Escobas y trapeadoras, recogedores de basura…

Unos ojos que ya se ven cansados gritan que están enfermos. Un cuerpo que está agotado grita… No, el ya no grita porque sabe que le toca seguir camellando. Pero una buena sonrisa, un buen saludo, una que otra venta le recuerda que vale la pena llevar comida a casa.

¡Buenas vecino! le saludan mis alumnos de Comunicación Visual, ¡Buenas! tímidamente contesta él.