El plástico le quitó el encanto a muchos juegos

El plástico llegó para quedarse. Y cuando digo plástico, reúno todo tipo de polímeros, que para lo presente, no vale la pena enumerar. Cuando llegó, comenzó a robarse el encanto de muchos juguetes. Nuestros carritos dejaron ser de hojalata serigrafiada. Se acabaron las heridas con puntas metálicas. Se acabaron las colecciones. ¿Para qué coleccionar juguetes de plástico? En juguetes, Búfalo y Navidad eran marcas que quedaron en nuestra memoria. En triciclos, lo auténtico era la marca Amo, ubicada en el barrio Caribe, de Medellín. Hoy, ninguna existe.

Hablando de triciclos, no se puede negar la nostalgia y la estima que algunas personas, mayores de 33 años, le tenemos al Centro Comercial San Diego, en Medellín, primer centro comercial de Colombia construido en 1972. Una flota de triciclos Amo nos esperaba los domingos, y nuestra independencia se hacía evidente mientras nuestros padres mercaban en el Ley. Triciclos de un puesto, dos puestos, tipo volqueta; los egoístas preferían el de un puesto, los resignados elegían el de dos, llevados por un extraño o llevando al mismo.

A mi hermana, Lady Johana, le tocó soportar cómo, su hermano de 14 años, usaba su triciclo Amo de un puesto con portapiés trasero, y usaba este último aditamento para bajar a velocidades “extravagantes” por la 25a de Bello. Llanta sólida de caucho, varilla metálica, colores vivos, primarios, resistencia, armonía: ¡cómo se extrañan tales triciclos!

Triciclo: 1. Vehículo de tres ruedas que los jóvenes de la era digital poco conocen por estar encerrados jugando videojuegos, o por estar pegados de internet chateando con sus amigos. 2. Objeto físico tridimensional, conocido por generaciones anteriores, cuyos padres obsequiaban a sus hijos en veinticuatros de diciembres, hijos que jugaban en las calles hasta altas horas de la noche en épocas de corta violencia.