Toño y Cipriano, no comen de aquello

Toño y Cipriano, ambos de Palermo, corregimiento de Támesis en el Suroeste antioqueño.

No es desconocido para la comunidad, que este par de criollos, resultado de una gran cantidad de cruces entre razas bajas, no gocen de los humores traseros de las hembras de Palermo. No han sido pocas las veces que los han visto montándose el uno al otro, cosa mal vista entre dueños ortodoxos.

Pero qué hay de estos, que son vagabundos. A estos, quién podrá decirles algo si son dueños de sí mismos y de su tiempo, del cual no son conscientes. Aun así, Toño, de un rubio popular y Cipriano, de pelambre negra llevan sobre sí, la carga del rechazo de los pobladores de Palermo, que interpretan como una sarna rara y escasa, los gusticos poco comunes de estos dos amigos, si se les puede llamar así a dos perros que no tienen consciencia de la existencia; pero que gozan de los mismos parpadeos somnolientos que gozan los viejos después del tinto de la tarde.

El que es caballero repite

De mirada interesante, carrizo relajado y barba rebelde, posa este hombre al que yo llamo vagabundo. Porque para mi hay diferencias entre gamín, indigente y vagabundo; y este es vagabundo de los originales, de los que yo veía en las revistas de Periquita con bulto al hombro.

Lo gracioso es que meses después, quice tomarle fotografía a otro vagabundo en la misma plaza de las Luces en Medellín y cuando le pedí permiso para tomarle el poncherazo, este hombre se acomodó de tal manera que parecía un Déjà vu la tomada de tal foto. Resulta que este segundo personaje era el mismo que ya había registrado, solo que estaba afeitado.