Vivos y oportunistas sobran por doquier

Víveres en general y vivos también, sobre todo los últimos, los vivos, no aquellos que aun respiran por el guargüero y que no han estirado la pata, no esos, sino, los vivos cuya acepción es la malicia, el oportunismo, la mala intención, la frialdad, todos esos conceptos que acicalan al vivo, a ese otro vivo.

Vivos en general:

  • Los que se quedan con las devueltas, sabiendo que le robaron al otro en su equivocación.
  • Los que le meten al taxista el billetico falso, conociendo de antemano que tal papel moneda es invaluable, no por su riqueza, sino por su evidente apariencia de copia.
  • Los que esperan la tajada del contrato con el Estado, que es el dinero del aportante.
  • Los empresarios que no afilian a sus “esclavos” a salud y pensión y van embolatando al trabajador, inocente y a veces pendejo.
  • Los banqueros que se hacen ricos y ricos y ricos con dineros del pobre y de los pobres y de más pobres.

Víveres y vivos en general, sobre todo los últimos, de esos que se ven en tiendas, convenios, licitaciones, en casa y a la vuelta de la esquina. Vivos que llegan a regañar a sus hijos y a hablarles de valores y de moral, padres untados de estiercol fiscal y llegan a exigir a sus hijos mejores cuadernos, mejores tareas, mejores notas.

¿Siga usted?

Imagen tomada en el barrio Moravia. Lee acerca d ela canasta familiar con otra imagen de Moravia.

¿Valores? ¡Claro que los hay!

  • Le diría a la AMISTAD, que me regalara amigos, no verdaderos, simplemente amigos. Para conversar, para cocinarles, para reír y si están disponibles, para que me vean llorar. No les pediría nada a cambio, solo que cuando se vayan a ir, no se despidan, que simplemente vuelvan. Que si puedo, estaré con ellos, que si me necesitan, no prometo nada pero espero estar allí con ellos. No les digas promesas mías, nada de eso, diles que la casa está donde saben, eso sí, yo los invito.
  • Llamaría a la CORDIALIDAD para que seamos afectuosos de corazón, sin machismos.
  • Telefonearía a la GRATITUD diario, pues inmerecedores somos de tanta bendición.
  • Ataría a mi frente la SENSIBILIDAD para no olvidarla en medio de tan seguidas masacres.
  • Vocearía de cuadra en cuadra la ACEPTACIÓN para que el mensaje llegue a gordas, feos y flacos.
  • Abriría la puerta de la FASCINACIÓN a tanta cosa pequeña y menospreciada, a lo sencillo, a lo cotidiano.
  • Dejaría entrar el AFECTO en casa de mis familiares, para decirles sin pena y en medio de un abrazo: te amo o te quiero, si les parece bien.
  • Cargaría a diario con la CURIOSIDAD, para sorprenderme y darle a la vida, pique, sabor y color.