Del barro crudo al barro cocido – Ráquira, Boyacá

Así el plástico vaya colonizando más territorios, más cocinas, más balcones; así algunas las doñas estén sembrando en matera plástica; así en la Caverna, de Saramago estén temerosos por el modernismo consumista tan aterrador que está aplastando a los artesanos; asi, con un panorama económico tan egoísta, aun así… el barro persistirá, el crudo y el cocido, el barro seco de la tierra y el que nos envolverá una vez hecha la transición.

Ambas existencias, artesanías y el hombre, son lo mismo: barro. El uno, supuestamente inanimado, pero con un sentido de valor puesto por el hombre. El otro, el hombre, fue, ha sido, y será lo mismo: barro. No por que lo diga aquel relato primigenio, sino porque es real: nuestro cuerpo se forma de lo que come la madre gestante, fruto de la tierra. Luego, crecemos de lo que comemos, sea sano o no somos lo que digerimos. Más tarde o temprano quizá, el cuerpo dejará de ser el saco del alma o de la consciencia y éste se fundirá con la tierra para ser pasto de nuevo.

Del barro crudo: el hombre; al barro cocido: su obra.

Artesanías de Ráquira, Boyacá.