Para que no queden dudas: venta de pescao vivo

Venta de pescao vivo, es decir que sería lo mismo decir: venta de pez. Para que no queden dudas, para que no tenga que untarse tan dignas manos de agua de pescao, abrir las entrañas del mismo después de una cesárea innecesaria. Para que no tenga que meter el dedo en ojo a ver si es saltarían, si brilla o le muestra el alma trascendida del pez.

Venta de pescao vivo, por si una vez capturado, usted se conduele y lo deja partir en buena obra de caridad, o si desea darle segunda vida menos digna en pecera de medio metro. Pescao vivo empacado con dos chorritos de agua que de nada sirven más que para estresar la carne. Asi es… rumbo al Peñol y Guatapé, se vende pescao vivo.

Yo tuve chaza en el Poli

Chaza: puesto de venta fijo o ambulante. Caspete.

Mi madre ya no tuvo más empleo y a mí me dio por montar una chaza en el Politécnico Colombiano Jaime Isaza Cadavid. Llevaba años haciendo unas tarjetas a mano y una compañera de estudio que ya tenía montada su silla en el corredor (Junín), me vendió las primeras diez tarjetas. Dos días después fui yo el que sacó silla a Junín y montó lo que fue la única entrada de dinero a la casa.

Jamás me ha dado pena contar que fui vendedor ambulante mientras estudiaba Producción de Televisión; mis tarjetas eran a mano y los mensajes eran personalizados. Cada cliente llegaba y me contaba un rollo sentimental y yo lo traducía en algún dibujo hecho con colores Prismacolor y en un texto seco o romántico según el cliente.

De esta manera llegué a conocer los secretos del corazón de algunas decenas de estudiantes que entraban y salían permanentemente de la universidad. Supe de una hermosa mujer enamorada de un seminarista a punto de ser ordenado; de muchos hombres que el día anterior habían estado con ‘la otra'; hasta de un decano que quería festejar que su bebé de pocos meses, había terminado una larga jornada de estreñimiento (Sé que la tarjeta aún existe y la niña está grandecita).

Cada mañana sacaba una buena silla de algún salón sin clases y montaba el negocio. Madrugaba a las cuatro de la mañana o me acostaba a las doce de la noche anterior para dejar tarjetas listas. Desempacaba, exhibía las tarjetas y a esperar. Nunca fui de los vendedores necios y cansones, esperaba que mis tarjetas se vendieran solas. Y así fue: decanos, profesores, estudiantes y trabajadores fueron mis clientes por cuatro semestres, tiempos en los que me desesperaba un poco cuando la universidad comenzaba a poner problema por las ventas ambulantes. En la mañana llegaba al Politécnico con una tanda de tarjetas y por la noche llegaba a casa con algunos ingredientes de la canasta familiar hasta que logré reunir el dinero para mercar quincenalmente.

Pudiera haber sido una época dura y por lo contrario fue una época divertida y de muchas enseñanzas. El ver unos papelitos pintados convertidos en fríjol, carne, leche y pan; es algo satisfactorio, además, mi sitio de trabajo se convirtió en la llamada ‘oficina’ de los estudiantes de Televisión.

Traigo esta historia como reflexión ante la cantidad de vendedores ambulantes que buscan una entrada económica para el hogar. A los estudiantes que buscan convertir dulces, manillas, obleas, pasteles, empanadas y demás, en pasajes, pensión y comida. Estudiantes que buscan de manera sana, haciendo con sus manos, caricaturas, tarjetas, pasteles, empanadas, Brownies y tortas para vender.

Lo primero que deberá ser izado a la hora de tratar esos temas, será el RESPETO por la vida y la DIGNIDAD de los estudiantes. Esta reflexión la hago como respuesta a un correo recibido de la Organización de Chazas de la Universidad Nacional de Colombia ocu.presente@gmail.com.

La imagen superior corresponde a ventas ambulantes en el Alto de la Virgen, Guarne – Antioquia.

Una chaza en Bogotá

Hoy… hoy, definitivamente no tengo nada para escribir. Póngase a trabajar, a ver novelas, a leer un libro, a cocinar, a caminar, a organizar la casa, a hacer un mandado, a quebrar corozos, a balconear, a escuchar AM, a trapear 6 pasadas, a buscar ropa para regalar… porque no sé qué decir hoy. ¿les parece?

La otra Feria de las Flores

85% de mis lectores son de fuera de Colombia. Preguntas para ellos

  • ¿Allá donde están venden obleas con arequipe?
  • ¿Venden panelitas de coco?
  • ¿Acaso velitas con coco?
  • ¿Mango con sal y limón?
  • ¿Venden papas de la calle? -No de las empacadas, sino, de las fresquitas, acabadas de fritar?

Hermosa torre de veletas. Para quien las vende significa llevar arroz, leche y huevos a la casa. Para quien las compra, significa instantes de alegría y de lúdica infantil. Para quien las ve de lejos, significa una instantánea en este mundo de imágenes. Para un fotógrafo significa color, movimiento, ritmo, armonía, juego, vida, deleite.

Y este señor posaba una cara seria antes de pedirle permiso para tomarle la foto. Cuando se la estaba tomando, sacó su alegría del bolsillo de su camisa y me regalo una sonrisa, que aunque tímida, fue sincera y consecuente con los colores de sus héroes inflables.

Esas son las imágenes de la otra Feria de las Flores, la de los que luchan por llevar el pan para el menaje, la de los que agradecen cualquier tumulto en feria, para hacer su agosto en ella.

El rebusque en Manizales

En medio de la celebración del Once Caldas en Manizales, los vendedores ambulantes salen a buscar su agosto. Muchedumbres que son clientes potenciales de una probadita, un antojo y la posibilidad de llevar doble jornal a la casa y esta vez mercar más amplio.

Esos días de fiesta y rumba, de celebración callejera, permite que se logre un dinero adicional, para que este domingo por fin, papá cumpla con la salida al parque el domingo o quizás, llevarlos a piscina.

Se reparan sombrillas

– Socio, vengo por mi sombrilla.
* ¿Es esta?
– No, la mía es negra.
* ¿Esta negra?
– No. La mía es negra con taponcito arriba.
* ¡Véala aquí!
– No, esa no es. La mía tiene manija de madera.
* ¿Esta?
– No. Es como esa pero no está quebrada.
* Esperate saco las del fondo. ¿Esta?
– No. Es así, pero la mía tiene mi inicial cosida con hilo.
* Ahhh, ya se cual. Véala aquí.
– ¿Cuánto le pago entonces?
* Deme milqui.
– Pero venga, esa no es la inicial mía. La mía es una E, de Emiro.
* ¡Ay parcerito, esa se la entregué ayer a un man Enrique.
– ¿Y entonces socio, cómo hacemos?
* Parce, si quiere llévese esa con la M, ya no vinieron por ella. Pero esa vale dos mil.
– ¿!¡?·$%

Explosión de rojo en Medellín

La comunidad amante de este seco alimento se encuentra feliz con la explosión de color y sabor ante la cosecha de chontaduro visible en las calles del centro de Medellín. Confieso que nunca lo había probado, hasta que en el anterior fotopaseo bloguero, Verónica de CON QUÉ SE COME, me invitó a probar el sabor de estas teñidas fibras de chontaduro. Su sabor: Seco, algo graso, fibroso como mango maduro pero deshidratado, muy seco. De poco sabor hasta que se intensifica con sal. Su color: Un naranja quemado muy profundo, intenso y casi mentiroso o artificial. Es que hay que probar nuevos sabores y decidir si se repite o no.