Para caminar tranquilo…

Para caminar tranquilo se ha de tener las manos limpias, el cuerpo relajado y el ser alejado de las fútiles distracciones que alejan de la meta. Para caminar tranquilo se ha de obedecer a los códigos morales o éticos que nos acercan al SER CIVILIZADO. Para caminar tranquilo se ha de llevar la voluntad de ceder el paso, esperar el verde en el semáforo peatonal, cruzar por la esquina y continuar.

Detenerse para la dádiva de la alegría, para brindar ayuda y apoyo, para contemplar lo mínimo, para oler y recordar paralelamente. Para caminar tranquilo jamás se ha de mirar la suela del zapato: allí se depositan excrementos de lo despreciado.

Los aromas de una zapatería

Toma por su cuenta aquel zapato viejo, cuyo honor se ha hecho en Cartagena, meter la mano adentro en el vacío, llenar con los dedos el espacio que ocupa el pie, examinarlo y darle el dictamen: Hay que cambiarle suelas. Un cuchillo desgastado de mil afiladas despega el zapato del zapato, y entonces la suela vieja es mudada para dar paso al nuevo caucho que amortiguará un cuerpo cansado de tanto caminar.

Tres clavos reposan entre labios como punkero acicalado, toda la herramienta es puesta en marcha mientras el paciente espera. ¿Es muy grave el asunto? – No señor, son las suelas, hay que cambiarlas. ¿Cuesta mucho? – Por plata no se preocupe que no dejamos de negociar.

Las medias entonces del viejo paciente, respiran y conocen mientras tanto, los venires de la Avenida San Juan, calcetines casi únicos, húmedos y aventureros. Descansemos mientras tanto, mientras la piel inferior de los zapatos es cambiada, mientras su piel es mudada y pueda él de nuevo encerrar sus pies en esa cárcel necesaria.

Imagen tomada en la Avenida San Juan en Medellín, cuadra arriba de Bolívar.