Un bello colgandejo en Amagá

Aunque el ritual de tirar los zapatos a los cables de energía no ha dejado de celebrarse, y que cada vez hay más marcas de calzado colgando de cables de energía: desde los más humildes hasta los de abolengo de marca, desde los más desgastados hasta los que merecían media vida más en pies de algún indigente, engarzar todo tipo de objetos para acertar en los cables ha sido juego de entretenimiento, de competencias y de aciertos.

Ahora, en Amagá me encontré esta bella realización: un conjunto de tapas plásticas de gaseosa, asidas por un nylon que las atravesaba por un pequeño orificio hecho por un ingenioso ocupante del espacio lúdico que el tiempo le permitió; algunos observadores lo llamarían: desocupado.

Mi labor como observador de lo in-observado es observar y percibir lo que otros no miran o que se afanarían a calificar como necedad del ocio. El caso es que me gustó y aunque es una opinión personal, sezgada y parcial, mi invitación siempre es a encontrar tesoros de la estética, el color y el diseño en creaciones cotidianas y en rincones inesperados fuera de museos. Estas tapas, por ejemplo, rompen el arquetipo del zapato colgado para convertirse en un modelo que quiebra la continuidad de dicho ritual.