Los zapatos de colegio y de trabajo

Para ese entonces éramos mozuelos libres. Nuestras enclenques y flacas piernas saltaban lo prohibido, pisaban lo indeseable y jugaban inocentes.

Y fue en la primera infancia, por recomendación de las abuelas, que nuestros padres decidieron imponer claustro a nuestros pies. La libertad de poros, uñas y piel fue coartada y presa de cueros y verdugos, atados con lazos mudos y sometidos a la nueva educación de caminar con artificio poara nuestros pies.

Torpes, nuestros pies comenzaron a caminar. Ciegos, envueltos en la oscuridad y el miedo, vacilantes, sin más lazarillo que nosotros mismos.

Fueron entonces los zapatos, acostumbrándose a nosotros con callos y con dolores. A las malas fuimos domando lo que fueran las mazmorras de nuestro ser. Pisar la tierra se nos hizo extraño, sentirla y sentir nuestro origen.

Creciendo fuimos. Y en la escuela o el colegio terminamos cayendo, con brillos falsos de una noche anterior. Amarrados, tallando en cada media decena. Esperando llegar la noche para volverlos a ver, saludarlos, sobarlos con ungüentos y bálsamos caseros.

Luego, la fábrica, el uniforme, cada calzado tan igual y sin distinción. Sin carácter más que el personal olor. Fabricando, marchando al reloj que todo lo domina, marcando.

En los últimos años, los llevaremos al artesano zapatero que enmiende la brecha que deja el caminar, y yo gozaré con verlos en ese desván que no es el mío y miraré de lejos, sonriendo con sorna, con malvado placer, con ganas de pensionarlos de una vez por todas.

Para ese entonces seremos mozuelos libres. Nuestras enclenques y flacas piernas saltarán lo prohibido, pisarán lo indeseable y jugarán hacia la muerte.

  • Zapatos tirados en un morro de basura. Barrio Santo Domingo, Comuna 1. Medellín.

Ritual de despedida

¿Quién fue el primero que colgó los tenis en los cables de energía de algún barrio? / ¿Será que este particular ritual se realiza como una manera inconsciente de preservar la existencia propia? / ¿será como trofeo que se expone tras el alcance de una meta? / ¿Por qué este ritual de despedida para los zapatos viejos? / ¿Para qué retiro tan ostentoso, tan visible, tan cariñoso? / ¿Será ese miedo a la “cosa” extinta? ¿a la muerte última?

De pequeño vi, cómo después de un partido de fútbol barrial, el goleador se despidió de sus zapatillas desgastadas, amarrándolas de sus mismos cordones y lanzándolas al aire como a birrete de grados, y verlas enredarse en los cables primarios de energía, sin mayor despedida que su sonrisa.

Ojo al avión arriba de las zapatillas.