“Tengo amores con Fabiola, con Teresa y con Raquel”, Leonel Ospina

Criado como fui, a la escucha de Cómo amaneció Medellín, Buenos días Antioquia, programas radiales llenos de costumbrismo narrativo y música guasca y montañera, es una alegría presentar un extracto del libro “Los Hijos del Pueblo, Amagá… ¡Un paseo por el cielo!”, de Mario de J. Montoya Cortés, que recopila la memoria del municipio de Amagá, de una manera personal. Se trata de un texto de 372 páginas con amplia información del municipio, producto de una investigación de tres años y un trabajo de observación y escucha de toda una vida. Del libro hablaremos en una próxima oportunidad, para dejarles la historia de Leonel Ospina, cantautor de música popular. Una excelente oportunidad para preservar la memoria rural de Colombia.

Leonel Ospina. Por: Mario de J. Montoya Cortés.
Foto facilitada por el club de fotografía el Poncherazo, de Amagá.

Fue para Antioquia lo que Guillermo Buitrago para toda la costa y ambos para Colombia: los más grandes, mejores y célebres cantores de música decembrina y parrandera, cuyas canciones sonarán eternamente. Leonel, uno de los más virtuosos para rasguear una guitarra, tuvo sus momentos de gloria en las décadas de los cincuenta, sesenta y tal vez a comienzo de los setenta, cuando sus canciones se inmortalizaron con el tiempo: María Teresa, El Jardinero, Ya nació el niño y muchísimas más, que al igual que, El año viejo, del gran compositor Crescencio Salcedo, en cien años todavía estarán escuchándose con las melodiosas voces de Ospina y Tony Camargo y por sus hermosos mensajes navideños.

Estando en la cima de su carrera artística y viviendo en Méjico, su vida comenzó a llenarse de sombras por su bohemia melancólica, la dulzura de unos labios femeninos y el juguetón requiebre de unas caderas seductoras que lo llevaron a la perdición, hasta quedar en las lamentables condiciones que mucho amagaseño conoce.

Desde el comienzo de esta obra estuve tratando de encontrarlo, hasta que el martes 22 de julio de 2008, a las ocho de la mañana, me parqueé en el edificio Coltejer, yendo y viniendo desde la avenida Oriental hasta la carrera Junín y viceversa, añorando la lámpara de Diógenes, no para encontrar un hombre en medio de tantos que se confunden en la multitud, sino a un gran cantante de voz ya apagada y decidido a contactar a un jardinero que llevó “{…} a doña Enriqueta, un ramillete de fresquísimas violetas”, que pregonaba que tuvo “{…} amores con Fabiola, con Teresa y con Raquel{…} con Lucía, con Lucrecia y con Jahel”. Hasta que a las 11:45 vi venir a un hombre anciano con un sucio morral sobre su espalda enjuta y corcovada, con cabeza gacha, mirada perdida y brazos entrelazados atrás, de lerdo caminar “como perdonando al tiempo”, en palabras de Piero, o desafiando al viento o enfrentando al olvido y la soledad, según su destino y sin importarle quién pasaba a su lado o quién sabía de su gloria. Lo abordé con idolatría y respeto con el ánimo de conocer más de su pasado glorioso, por tratarse de uno de los más grandes y sobresalientes hijos del pueblo que orgulloso lo vio nacer y cantar como un zorzal.

No fue la primera vez que se veían la gloria, la música, el arte y la agonía caminando juntos, yendo por el mundo sin rumbo fijo. Vagabundeando errantes sin tener dónde quedarse o a dónde irse… y sin con qué. Sólo basta recordar al gran Gauguin, quien en su elucubrante bohemia cambiaba sus obras por licor, y al maestro Crescencio Salcedo, que murió solo y tristemente abandonado, pero dignificando su nombre vendiendo flautas en Junín con la Playa. Pero este gran cantante que conoció la hipocresía de las felicitaciones cuando era internacionalmente famoso –que no supo administrar sus quince minutos de gloria– es un hombre que sobrevive por sí mismo. Cuando el anfitrión se demora en invitarlo a un almuerzo, pide como aquel sabio cautivante y cínico de la lámpara nacido en Sinope: “Te pido para mi comida, no para mi entierro”,

Esta frase, melancólica y triste, satíricamente lanzada por un genio, podría transferírsele a los poderes del estado y a la sociedad que demoran para arropar, proteger y tener a alguien que fue gran patrimonio nacional, en lugar de pasar asqueados, arrogantes, desafiantes y fríos por su lado, tal vez esperando su entierro para hacerle algunos discursillos hipócritas lamentando “tan irreparable pérdida para la patria, de un virtuoso de la música, la guitarra y el canto”, y vendrán todas las emisoras a rescatar su música archivada, poniéndola a sonar todo el día. Y las disqueras aprovecharán “los momentos de angustia y de dolor” para hacer una recopilación de sus mejores canciones como “homenaje póstumo a su recuerdo”. Mientras que el filósofo odiaba el poder, la cultura, la sociedad y la riqueza, viviendo en un tonel, el cantante vive en un túnel sin verse la luz en su final, tal vez añorando que el poder, la cultura, la sociedad y la riqueza se acuerden de él.

Cuando intenté asomarme a la intimidad de sus silencios, sólo recibí respuestas vagas e incoherentes que no le dirían nada a la posteridad, y en su monologar sin sentido, a veces tuvo destellos de lucidez, recordando que empezó a cantar cuando escuchó la canción Los Ciclistas, y a sus intérpretes, Los Trovadores del Recuerdo. Hasta me cantó sus primeros versos todavía con el timbre de su melodiosa y afinada voz, pero ya melancólica y cansada. Y esos destellos de breve luz se vuelven sombras nuevamente cuando dice que va a volver a cantar y a subirse a los escenarios, y no se cansa de repetir: “es que me tienen envidia”, porque considera que fue superior a Belisario y a Carlos Julio Ramírez e igualado sólo por Los Panchos. mientras tanto va esculcando en su morral, sin saber qué buscaba realmente. Primero saca una hoja con los rostros y nombres de algunos presidentes a quienes les cantó, que de seguro lo hizo cuando “era importante”, pero que ahora “me sacan el cuerpo” según dice. Luego me ofrece en venta un libro grande de antónimos y sinónimos inglés, español, “para que saque de ahí todos mis datos, porque en él está contada toda mi vida”.

Durante el encuentro que fue cordial y reconfortante para mí, sospeché que sí puede hilar con exactitud y rigor sus historias, y con sutileza indígena las niega o las transforma, porque siempre habla de dinero o de que muchos se han aprovechado de él para explotarlo y además, “porque quiero un libro sólo para mí, que sólo se hable de mí”, a lo que trato de explicarle que mi intención es la de hacer conocer por las nuevas generaciones, a las personas que por uno u otro motivo se hayan destacado en cualquier actividad que merezca contarse, y que él es para mí, uno de los más sobresalientes hijos del pueblo.

Este hombre que fue muy famoso, no produjo en mí, lástima o compasión, sino rabia, dolor y rebeldía por la crueldad de un destino buscado pero no merecido, porque es uno de los grandes que el tiempo inmortalizará. Aquellos a quienes invade el delirio y la nostalgia de la persecución de la fama, siendo una de tantas viejas glorias que abusó de ella cuando estaban en el pico más alto, sin avizorar que el paso de los años no tiene piedad con nadie, ni aún con los ídolos, derrumbados por la misma fragilidad con que fueron idolatrados. y Leonel –con su ropaje de pastor–, es el mismo hombre de elegantísima figura y de gran apariencia física, limpio y pulcro como fue, que cambiaba de vestido dos veces al día y que enloquecía a las mujeres, cuyos rasgos finos aún se advierten en su rostro avejentado, aparentando más de sus setenta años, de mirada vaga y aspecto descuidado, habiéndose casado con una hermosa mujer de familia adinerada. Para atajar lágrimas de rabia cuando escribo esto, me solazo escuchando una de sus tantas interpretaciones, que muchos no conocen y que recomiendo sobre todo a los jóvenes para que degusten cómo se pulsa una guitarra con su deliciosa cadencia y cómo canta un ruiseñor:

“Ay qué modas, qué moditas, que está usando la mujer  / de tantas que están llegando, no saben cuál escoger (bis). Por ahí andan por la calle caminando tongoniao  / con la espalda destapada y el ombliguito pelao (coro) Qué moditas, qué modas, esto me tiene aterrao / señoritas y señoras con el ombligo pelao (bis). La moda del ombliguito este año si se metió /  la minifalda y la maxi con él si se cayó (bis). Ya sean bonitas o feas, caminan de medio lao / y para que más suframos, andan con él destapao (coro–bis)”.

Cuando ya había escrito el anterior texto, decidí ir a Acimpro (Asociación Colombiana de Intérpretes y Productores Fonográficos) y a Sayco (Sociedad de Autores y Compositores Colombianos) a indagar sobres sus derechos como intérprete y compositor. En la primera entidad fui amablemente atendido por su gerente Carlos Manuel Arredondo Cárdenas y en nuestra primera conversación me dijo: “Quien ha cantado, tocado y grabado música, ni envejece ni fallece” y puso a mi disposición el archivo personal de Leonel, mientras me dice que fue rescatado de la indigencia y aceptado allí, el veintiuno de abril de 2004 en su calidad de intérprete principal, con las siguientes ayudas, según consta por escrito:

a) $1´980.000 semestrales ($330.000 mensuales, menos una deducción de $20.000, quedándole para sobrevivir $310.000 que los retira de a poquitos diariamente)

b) Afiliación a Coomeva y a EMI gratis, cuyos carnés recibió personalmente, aunque en una constancia que aparece allí, fechada el 25 de junio de 2007 autoriza a la entidad para deducir los $20.000 “para su afiliación a la EPS”, por lo que el servicio no es del todo gratuito.

c) Servicio exequial sin costo por medio de Prever.

d) Seguro de vida por $2´000.000

También encontré la certificación 34346 del 4 de septiembre de 2003, expedida por Discos Fuentes, en donde consta que es autor de: Olga Lucía (su hija), Luna bonita, Mi recuerdo, Quiero gozar, El lunarcito, Dame tu boquita, El meneíto, Beso chupao y 17 canciones más, y la siguiente constancia: “Todos los fonogramas aquí relacionados, son propiedad de Discos Fuentes Ltda., como productor fonográfico, no puede calificarse al ejecutante como tal”. en Sayco no aparece registro alguno porque para aceptarlo como autor y compositor, debe arrimar una serie de exigencias que él no está en capacidad de cumplir, y allí no hay quién le ayude para que pueda acceder a sus derechos, que están plenamente merecidos e injustamente no retribuidos.

También actuó bajo el seudónimo de Antonio León y fue director artístico de importantes casas disqueras en donde era el encargado de aceptar o rechazar diferentes artistas. Como cantante polifacético se paseaba por el bolero, los tangos y la música popular, que le dieron la vuelta al mundo. Su padre y su hermano Luis Alfonso también fueron cantantes.

Vea también: Leonel recorre y canta un documental

14 comments

  1. Mario de J. Montoya Cortés   •  

    Gracias, Carlos Mario, por ilustrar tu página con LEONEL OSPINA y sus canciones. Él merece todos los reconocimientos posibles. Como autor de la obra LOS HIJOS DEL PUEBLO, Amagá…¡un paseo por el Cielo!, di especial atención a este hombre aclamado y afamado internacionalmente, porque lo conocí y lo traté de forma personal y por lo tanto supe de su grandeza en mis años de juventud. Este fue un trabajo intenso al que puse todo mi empeño en rescatar del olvido a las personas más sobresalientes de mi pueblo, empezando por Belisario Betancur, escritores, poetas, gobernantes, deportistas como Mario “Papaya” Vanegas, considerado como el mejor velocista de América durante 17 años y muchísimos más; también di mucha importancia a la gente de abajo, a los humildes, a los mineros y a los personajes folclóricos, porque ellos enseñan más con su lucha para no desfallecer ni dejarse vencer. Igualmente rescaté una serie de arcaísmos o palabras en desuso para que, especialmente la juventud, conozca cómo hablaban nuestros antepasados. En fin, Carlos Mario, esta gratitud va también para nuestro periódico El Colombiano. Un abrazo, amigo.

  2. Dora Galeano   •  

    Esto mas que un relato de la vida de un grande, es un homenaje, que lastima que en nuestros pais, la burocracia condene al abandono a estos grandes artistas.Gracias Carlos por permitir a tus lectores recordar este grande de la musica.

  3. mauro perez   •  

    excelente idea acordarse en vida de los verdaderos musicos.
    en los años 50 s nos visito en el barrio las violetas ((BELEN) UN REGALO DE SU PARTE CON ESA COMUNIDAD: CANCIONES EL JARDIBERO. MARIA TERESA Y YA NACIO EL NIÑO, JAMAS PODEMOS OLVIDARLO.
    GRACIAS SR MUNERA

    • Carlos Múnera   •     Autor

      Mauro, gracias por compartir tu recuerdo. Las gracias son , efectivamente, para el señor Montoya, autor del texto.

  4. Alberto Mejía Vélez   •  

    Era domingo cuando traía desde la plaza por tiempo de diciembre una parte del mercado. En el puente de las “sinarinas” que servía para descansar y tomar aliento para continuar, había instalado al frente doña Laura (nombre cambiado), una pequeña cantina con taburetes de cuero, mesas redondas en hierro y su tocadiscos. Estaba girando el disco de 78 con la canción de moda: María Teresa. La dueña del negocio con el dedo índice me hizo una señal y sin darme cuenta estábamos en el centro bailando al compás de Leonel Ospina. Yo un imberbe, ella, llena de gordos que mis brazos no alcanzaba a abrazar. Eso y mucho más hicieron los temas de tan grande artista en aquellas generaciones del 50 pa’ arriba.

  5. Olga Nidia Molina Bedoya   •  

    Qué buena anécdota señor Alberto.
    A mí con esa música se me viene a la mente la imagen de la familia preparando la noche buena.
    Unos, revolviendo la natilla de maíz en un fogón de leña en el patio, otros moliendo el maíz para los tamales, otros, armando el pesebre. No sigo, porque todavía falta mucho para diciembre. Ja, ja, ja.

    Saludos a todos,

    Olga Nidia

  6. rosa alicia torres   •  

    rosa alicia torres:
    quiero comentar que soy una paisana de Leonel Ospina, y que junto con mi familia lo admiramos ya que sus canciones nunca morirán y siempre alegraran las navidades Leonel Ospina espero en el nombre de el señor Jesucristo que te levantes y que sigas trayendo alegría con tu voz y tus canciones todos aquellos que te admiramos y a las nuevas generaciones que hoy día escuchan tus canciones “felicitaciones” que Dios te bendiga y te guarde

  7. juan andres sanchez   •  

    NO NOS CANSAMOS DE REPETIR Y REPETIR, QUE LA MUSICA DE ÉL FUE HERMOSISIMA, QUE NOS TRAE RECUERDOS, QUE NO LO OLVIDAMOS….
    PERO SABEN QUE?, ESTÁ EN LA MISMA MISERIA….. EN LA CALLE…. EN LA INDIGENCIA, ACASO, ESQUE TODOS NOSOTROS SOLO SABEMOS DAR CONDOLENCIAS Y NO AYUDAS? POR FAVOR, BASTA YA DE TONTAS OPINIONES Y TAN ESCASO AFÁN DE RECORDARLO A ÉL COMO SI NO BASTARA LA VIDA PARA TRATAR DE AYUDARLO FISICAMENTE.

    • Carlos Munera   •  

      Juan Andrés, qué bien tu nota en El Colombiano, tu aporte desde Tips.

  8. Maripili   •  

    Excelente la música de Leonel. Soy Peruana y conozco su música por mi familia. Me encanta y bailo con María Teresa, el Jardinero y otras. Todas son bellas.
    Donde se encuentre y si necesita ayuda opfrecerla. Leonel es un regalo de Dios, por su voz, sus canciones y su persona.

    Bendiciones

  9. CARLOS VELEZ   •  

    EL DOMINGO,12 D FEBRERO ESTUVE,EN EL CAFE MALAGA .LO VI TOCANDO LA GUITARRA. Y CANTANDO MARIA TERESA,Y OTROS MAS.APESAR D SU EDAD LO HACE MUY BIENHAY Q HACERLE UN HOMENAJE.AL QNOS ALEGRO TANTOS DICIEMBRES HA SEME OLVIDABA,CANTA TANGOS MEJOR Q MUCHOS ARTISTAS….LO DEL HOMENAJE QSEA EN VIDA. OYERON EN VIDA,.,.,.GRACIAS

  10. marcelino sanchez   •  

    Soy de la region del istmo de tehuantepec,del estado de oaxaca mexico y desde niño me ha fascinado la música de leonel ospina,tengo sus canciones mas representativas pero se me ha hecho imposible conseguir la melodia “besito chupao”.un saludo cordial para todos los colombianos y sientanse orgullosos de tener un hemano como leonel ospina.dios bendiga a colombia y a todos sus hijos.

    • jhon Montoya   •  

      Por cosas de la vida… hoy me encontré con la imagen de un anciano, sentado en una pequeña cafetería situada a dos locales del sitio donde trabajo, no se por qué se vino a mi mente algo familiar en esa imagen, buscando en internet, encontré que se trataba efectivamente del señor Leonel Ospina…. imaginese mi sorpresa, más sorprendente aun, este señor deambula por estas calles y lo veo casi a diario, no tenía idea de quien podía ser.

  11. LUZ MITA   •  

    RECORDAR A UN GRAN CANTAUTOR DELOS AÑOS 50 CON EL TRIO LOS PLAYEROS D0NDE CANTABA CON SU HERMANO LUIS ALFONSO PERO EN LA ACTUALIDAD VIVEN UNA POBRESA ABSOLUTA .LEONEL OSPINA EL MEJOR ARTISTA PAISA DE MUSICA PARRANDERA NOS DEJO RECUERDOS EN NUESTRAS NAVIDADES CON SUS DISCOS MUY CONOCIDOS POR NOSOTROS LOS PAISAS- MARIA TERESA, YA NACIO EL NIÑO,EL JARDINERO ,que pesar el futuro de este artista y supresente tan indegente ya con sus 73 años ya notendra dias de gloria.

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