Un elegante caminar en Salento, Quindío

Caminando va, sin temer final alguno. Feliz ha sido el hombre que en elegante atuendo marcha rumbo a la agonía de un atardecer en Salento. Ha crecido, ha caminado, ha transformado sudor en pecunio, estipendio pago a tantas mañanas de lucha.

Se vive, se camina, se tiende la cama, se calza los pies, se anda descalzo, se orina de pie, a veces sentado que hace bien a la próstata; se amarra los cordones, se lava las manos, se trabaja, a veces no; se toma café, se toma aguapanela, se come arroz, se conversa con el vecino, se respira, se mira para arriba.

Se camina, se encuentra con el que no pensaba y lo saluda, se sienta en el parque, se hace nada, nada se hace, se pone de pie, se regresa, se rie, se besa, se sienta en una mesa con años encima, se toca el mantel, se juega con la caída del mantel, se come, se deja un sobrao, se pide más sobremesa, se acuesta.

Se echa la cobija, se juega con el pie en la cobija, se intenta dormir, se recuerdan los mejores momentos: una niña que pasaba tomada de la mano de su madre que lo mira y se sonríe con él, coqueta, amor infantil, de abuelo y nieta.

Se cierran los ojos.

Salento, Quindío.

1 comment

  1. Karen   •  

    Lo primero que se me vino a la mente y se evidenció en mi rostro fue una sonrisa… me encantan este tipo de personajes, será porque no tuve la fortuna de tener cerca a mí, por muchos años a uno de ellos. También me recuerda a un profesor que tuve en la U de A, al señor Jairo López), oriundo de Riosucio, Caldas. Estampa de hombre, todo un caballero, con sus costumbres y educación bien arraigadas… su manera de vestir y su paso firme….señores de los que hoy escasean y muchas deseamos.!!

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