Un parqueadero de caballos en Ebéjico

¿Cuánto vale la hora de parqueo?

Nooo, eso, cualquier cosa, otras veces ni me pagan o no tienen plata; uno les hace el favor, no le niego el servicio a nadie.

¿Pero qué puede valer la hora?

Dos mil pesos; de todas maneras qué va a pelear uno.

¿Y el día qué puede valer?

Poquito, eso no es mayor cosa. A veces lo que tengan, lo que puedan. A veces llegan borrachitos y ni me pagan. Yo les presto el servicio porque si les ven los animales en el parque se los pueden quitar.

Es Guillermo Delgado, dueño de un “parqueadero” de semovientes en la calle 23 con la 20 en Ebéjico, Antioquia. Abre todos los días y vive sus días recibiendo las bestias de los hombres de campo que llegan a la cabecera municipal a vender su café, a mercar, a cobrar cuentas y a beber. Su calma y bondad son evidentes; habla y camina con parsimonia, pues, quién le va a exigir las eficiencias que tanto predican las ciudades capitales.

Con calma, recibe a los paisanos que van llegando; espera que bajen de la bestia y alza las enjalmas y las cuelga o ubica en lugares destinados para ello. No da fichos, no hace boletas de ingreso, no tiene reloj que marque horas, no entrega ficho por pertenencias; Guillermo se sabe de memoria cada caballo, cada enjalma, cada mercado que le dejan a guardar. Tiene arrendado un espacio como pesebrera de unos caballos finos. “Yo no les hago nada, pues, ellos tienen quién los cuide. Le pagan a alguien para que les de vuelta y les dé alimento, yo solo arriendo el espacio”, cuenta Guillermo mostrándome cada rincón.

“Yo no me preocupo por nada, si se emborrachan ellos ya saben que vienen y ellos mismos sacan su bestia; en esos casos ni me pagan”, cuenta Guillermo, quien vive al frente de su guardadero de animales. “La gente llega y se va a mercar, llega con el mercado y se los guardo en una pieza y se van a beber o a parquear (disfrutar del parque del municipio)”, remata Guillermo.

3 comments

  1. Alberto Mejía Vélez   •  

    Soy un citadino con alma de pueblo. Cada vez sé que las gentes de las poblaciones nacieron con el alma llena de virtudes; la generosidad y el espíritu de colaboración, rebasan muy por encima la ambición al dinero. En cada actitud diaria sale a relucir el deseo de prestar ayuda a quien la necesite; es algo ancestral escrito en la familia con tinta indeleble.
    Un ‘puebleño’ es la antítesis de lo que rueda en la ciudad, en que una máscara de “cultura” oculta la verdadera identidad. Dime con quién andas y te diré quién paga.

  2. Fabian caro   •  

    Excelente artículo. Nos hace quedar muy bien

  3. Luis burgos   •  

    Que buen ciudadano,se preocupa de prestar un servicio a la comunidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>