Un verdadero don: La sonrisa

No escogí esta foto de William porque le falten ambos brazos, tampoco porque me guste producir lástima, porque detesto eso, menos porque lo crea perro de circo. Elegí esta foto porque: ¡Qué sonrisa más bacana ome! A William lo conozco hace años, a él y a su apéndice casi natural: su armónica.

William aprendió solo a sonar esta armónica que le acompaña a donde va, porque es su instrumento de trabajo en buses y calles, pero sobretodo en filas, allí donde hayan colas, allí donde hayan largas culebras de personas serpeantes, allí está este man, trabajando sin chillar.

Lo gracioso es que te da la “mano” para despedirse. Y uno ni sabe que apretarle, porque en su lado tiene un muñón, pero como es diestro, él ofrece un apéndice derecho sin movilidad que cuelga de su hombro.

Más de 20 años trabajando y sonriendo… y haciendo fila.

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