Visiones de un altar saturado

* Bertilda, ¡por Dios! ¿qué son todas esas imágenes que tenés en ese rincón? Vos es que sos incrédula o qué.
– Cómo que incrédula, Luz Mila, no ves, pues, todas las imágenes que tengo. Eso te debería decir qué tan creyente soy.
* Pues no me parece. Si creyeras en tu primera oración, no realizarías la segunda. Si creyeras en uno de tantos, no tendrías que “gritarle” a todos. Si leyeras el Salmo, no tendrías que dejar la Biblia abierta en el 91. Si no tuvieras tanto miedo, no tendrías tanto imaginario reunido.
– ¡Veh, pues, a esta! Ahora se volvió iluminada o qué. ¿Sor Mila habrá que llamarla o qué?
* Tilda, mija, no se me enoje, pero es que veo este rincón tan lleno y hasta con sincretismo religioso, que se me vino a la cabeza lo que te dije.

- Pues, es que entre más santos intercedan, más me hacen el favorcito.
* ¿Tan inaccesible el el mayor de ellos?
– No, pero así me atienden más rápido.
* ¿Y los clavos de olor y la canela?
– Pues para la buena suerte.
* Y esa “Breve historia del lienzo de Nuestra Señora de la Pobreza”? Yo veo que ustedes tienen mucho dinero y ¿entonces?
– Es que qué miedo que lleguemos a perderlo todo.
* Y ¿para qué una Biblia completa que ni estudiás, si solo necesitás dos páginas de un Salmo 91?
– ¡Ay! Luz Mila, si vinites a criticar, salí por donde llegates. A mí respetame. Si vos no crees allá vos si el diablo te lleva.
* Apegos, Tilda, miedos. Todos ustedes están llenos de miedo. Vos sos una incrédula, no confiás ni en tu misma oración. Reconocelo.
– Dejame, pues, que tengo que “alzar” un arroz.
* ¿Le dolió?

Imagen tomada en Amagá

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